El Corpus en San Fernando

Resulta curioso que en la percepción del sevillano sobre las fiestas de la ciudad, el Corpus siga perdiendo peso

Un capricho del calendario ha logrado lo que la voluntad política no termina de concedernos, la festividad del rey santo, al coincidir su fecha con la del Corpus, que afortunadamente por aquí sigue celebrándose el jueves. Pocas fiestas con el peso litúrgico de esta que da culto público y solemne a Jesús Sacramentado, y ninguna con el peso histórico y fundacional tan unida a la nueva cristianización, tan influenciada por la Contrarreforma, tan acrisolada por los vientos favorable del siglo de oro y tan cantada por nuestros mejores escritores.

En la novena de sus imprescindibles Cartas de España, José María Blanco White nos describía con precisión detalles de la procesión que parecería escritos ayer mismo: “Tan larga es la procesión y su paso tan lento y solemne que tarda una hora en salir de la catedral, las calles adornadas con colgaduras de mayor gusto que durante las procesiones de Semana Santa, el pavimento alfombrado de juncia…”. Es, se nota, la fiesta principal de la ciudad, y precisamente por eso en ella intervienen las magistraturas y poderes oficiales. Otro sevillano ilustre, Gustavo Adolfo Bécquer, curtido en el oficio del periodismo antes incluso de alcanzar la gloria con la poesía, dirá rotundo: “Es ésta la fiesta que tiene más y responde mejor a las costumbres de sus habitantes y a la fisionomía especial de la población… El Corpus, todo luz, flores, majestad, riqueza y armonía, está más acorde con el alma sevillana”.

Resulta curioso que en la percepción del sevillano sobre las fiestas de la ciudad, el Corpus siga perdiendo peso frente a las denominadas mayores, pese a su hondo pasado y la cantidad de signos y tradiciones (pero de verdad, no desde hace cuatro días) que hacen de ella una fiesta única, y profundamente nuestra. De la misma forma que no se le dé la importancia que merece a la figura de Fernando III, de cuyo empuje se benefició la ciudad y tantas instituciones (conventos, parroquias, cabildos…) que pasados los siglos siguen estando ahí, y sin las cuales nos sería imposible comprender la evolución de la ciudad en todos sus términos, desde lo religioso a lo civil, desde lo social a lo urbano. Por eso este jueves, cuando en el día de San Fernando asome la custodia de Arfe por la puerta de San Miguel, cobrará más fuerza si cabe lo que escribiera Manuel Chaves Nogales hace cien años: “Sevilla es profundamente cristiana, todo en ella lo hizo el cristianismo”.

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