NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
QUIÉN le iba decir a Boticelli, Tiziano, Veronés, Caravaggio, Gentileschi o Rembrandt que la más popular representación de Judith y Holofernes habría de ser obra de la telebasura y el sensacionalismo periodístico, no de la pintura. Quién le iba a decir a Vivaldi, Scarlatti o Mozart que sus óperas u oratorios La Giuditta, Juditha Triunfans o La Betulia liberata serían superadas por las óperas de cuatro cuartos y los oratorios de la miseria mediática. O, cambiando de figuras pero no de tópico, quién le iba a decir a Mantegna, Rubens, Haendel o Camille Saint-Saëns que habría representaciones de Sansón y Dalila que superarían a las suyas. Incluso quien le iba a decir a Cecil B. DeMille que una periodista deportiva y un portero de fútbol harían una versión de Sansón y Dalila aún más kitsch que la que para él interpretaron Hedy Lamarr y Victor Mature. Quién les iba a decir a todos ellos que bien entrado el siglo XXI, en la parafernalia supuestamente modernísima de la retransmisión global de unos mundiales de fútbol, Judith o Dalila habrían de encarnarse en Sara Carbonero y Holofernes o Sansón en Iker Casillas.
Asombroso retorno del mito del macho/macho vencido por una hembra/hembra cuya belleza es capaz de decapitar generales babilonios, acabar con hercúleos jueces de Israel o desestabilizar selecciones nacionales de fútbol. Desde el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid hasta The Times, pasando por Mariano Rajoy o las 1,3 millones de páginas de Google que hablan de ella, todo el mundo -hasta un servidor- parece obligado a decir algo a favor o en contra de la periodista deportiva reducida a bellezón y novia de famoso. Es inevitable ver en este fenómeno un brote de machismo rancio. La respuesta social y mediática a la presencia de Sara Carbonero en el Mundial recuerda el paso de las antiguas bellezas de pecho poderoso y generosas caderas ante los casinos provincianos pródigos en piropos y gargajos. Lamentable.
Ya lo cantaron genialmente los Toronjo en sus sevillanas bíblicas que Lebrón y Saura -por este orden- inmortalizaron en el panteón del cine al incluirlas en Sevillanas: "Cuando la hermosa Judith / venció a Holofernes… / lo venció con caricias, / no con desdenes… / Supo cortarle / la cabeza del cuello… / y degollarle. / Dalila infame, Dalila infame… / Mientras Sansón dormía, / Dalila infame, / los hilos de la fuerza / supo cortarle… / Sirva de aviso… / Que a mayor confianza, / mayor peligro". Pues eso: el circo mediático ha convertido a Sara Carbonero en una hermosa Judith y una Dalila infame en versión rancia de casino provinciano.
También te puede interesar
Lo último