La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
LLORABA el dios de la lluvia aquella mañana de enero de la misma forma que lloraba Sevilla ante la indefensión que se siente ante la muerte, sobre todo cuando esa muerte no es por lógica ley de vida sino por la ilógica más ilógica que imaginarse pueda. La ilógica derivada de la abyección del criminal que se ampara en la excusa de unas ideologías inexistentes. Se cumplen doce años ya, parece mentira que el tiempo vuele como vuela, del abominable asesinato de un matrimonio joven que hallaron la muerte cuando iban ilusionados a darles a sus hijos el último beso del día. Alberto y Ascensión iban confiados camino de casa cuando en la alta madrugada fueron sorprendidos en una emboscada fatal. Doce años después seguimos sin encontrar explicación a la existencia de seres como los que dejaron huérfanos a unos niños que dormían plácidamente ajenos a una barbarie que seguro que todavía no comprenderán.
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