¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
YA se oye el eco de la romanza del Concertino para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse en los minutos de luz que cada día va ganando a la noche. Esta romanza me conmueve desde hace muchos años. Vaya usted a saber por qué, quedó para siempre unida, junto a Sevilla de Albéniz, a mi nostalgia tangerina y niña por Sevilla cuando las oía a través de Radio Sevilla. Hay un nexo de unión entre estas dos piezas y Radio Sevilla. Bacarisse fue director musical de Unión Radio (matriz de la Ser) entre 1925 y 1936, y Sevilla de Albéniz era una de las sintonías de Radio Sevilla en los años 50, no recuerdo si como apertura de las emisiones o indicativo de algún programa.
Hay también un nexo de unión entre la justamente famosa y popular Romanza de Bacarisse y un servidor: el Concertino para guitarra y orquesta expresaba la nostalgia por su tierra de quien fue obligado a exiliarse para huir del franquismo. Cuando la compuso en 1957 el compositor llevaba ocho años viviendo en París. Murió sin volver a España. Músico de vanguardia en su juventud, infatigable luchador por la modernidad musical desde Unión Radio y el madrileño Grupo de los Ocho, en su madurez renunció a ella para adoptar un lenguaje más emocionalmente inteligible. Narciso Yepes, a quien está dedicado el Concertino y lo estrenó en París con la Orquesta Nacional de Francia dirigida por Ataulfo Argenta, comentó años más tarde: "En sus últimos años de vida Bacarisse dijo que para él la música era amor y el amor no puede ser retorcido". Y amor, desde luego, rebosa y contagia la Romanza del Concertino.
En el caso de Bacarisse es su amor por la España para siempre perdida. En el mío es amor por Sevilla. En ambos se trata, pues, de un amor nostálgico. Bacarisse, republicano y comunista, sabía que nunca podría volver a España. En cuanto a Sevilla… Ya lo escribió Romero Murube en su desgarrado Cesantes de la belleza, publicado en Abc el 5 de diciembre de 1965: "Pasear hoy por nuestra ciudad es quedar cesantes (…) de todo lo que hacía a Sevilla ciudad única y entrañable. Eso; cesantes de la belleza. Un poco muertos ya. ¡Qué nos vamos a hacer! (…) Ser hoy sevillano es morir cruelmente y poco a poco, en cada calle, en cada esquina de la ciudad...".
Suena el eco de la Romanza. Aumentará poco a poco de volumen conforme avance la luz. Y este pelele -¡cómo acertó Pierre Louÿs en su novela sevillana!- sigue enamorado de la ciudad.
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