la esquina

José Aguilar

Escaños en Blanco

HE recibido papeletas de voto para el domingo que viene remitidas por los dos partidos mayoritarios. En las del Senado llama la atención una candidatura: Escaños en Blanco, y un nombre (en mi provincia, Concepción Tello Martín).

Candidaturas con ese nombre han sido admitidas por la Junta Electoral Central en 21 provincias, entre ellas Sevilla, Cádiz, Málaga, Córdoba y Huelva. ¿Y qué es Escaños en Blanco? Pues un colectivo ciudadano que no quiere ser un partido más, sino un instrumento para denunciar las carencias del sistema democrático, y singularmente las listas cerradas, la estructura piramidal de los partidos y la falta de democracia interna.

La web que mantiene abierta este singular grupo político sintetiza en tres lemas el significado de votar sus listas al Senado: más útil que la abstención, mayor protagonismo que el voto nulo, mejor que votar en blanco. Lo que se pide a los electores es, fundamentalmente, que no se abstengan, que no desperdicien su voto con excentricidades que lo anulen y que no voten en blanco... sino a Escaños en Blanco, que es distinto. De lo que se trata es de agrupar todos estos sufragios para darles un significado político respaldando a candidatos que se comprometen a defender un programa con un solo punto: una ley que evite que los partidos parlamentarios se apropien del voto en blanco y la abstención y haga que los votos en blanco se computen para dejar vacíos los escaños que la voluntad popular les conceda. Logrado lo cual, Escaños en Blanco se disolvería.

La iniciativa, que ya tiene varios años, es una forma imaginativa de impugnar la política tradicional y de cuestionar la existencia misma del Senado, una institución consagrada en la Constitución pero que languidece desde hace tiempo como una cámara menor, de segunda lectura y que a la hora de la verdad legislativa se subordina al Congreso de los Diputados (que no es como el Senado de Estados Unidos, precisamente). Reconozcámoslo: el Senado es una reminiscencia del pasado, una Cámara llamada Alta por su origen aristocrático o censitario, que en España quiso ser la cámara de representación territorial y el ámbito de debate del Estado de las Autonomías y que en la práctica no ha servido a esta finalidad. Bueno, no ha servido ni sirve para casi nada, dicho sea con todo respeto para sus miembros.

No creo que Escaños en Blanco consiga ningún escaño senatorial para dejarlo vacío ni que triunfe esa otra iniciativa, más utópica, de que no vote nadie al Senado y éste muera por consunción. Pero su presencia y movilización pueden ser útiles para denunciar lo inútil del Senado tal como está concebido ahora. Algún día tendremos que replantearnos seriamente su existencia.

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