La Evau y las bodas por segunda vez... en Sevilla

La Selectividad recuerda a algunos enlaces de los salones de pueblo: todos tienen acceso al aprobado

Tiempo de guayaberas, liturgia contra el calor

¡Todos quietos en Sevilla!

Una prueba de la Evau.
Una prueba de la Evau. / M. G.

05 de junio 2024 - 04:00

Sevilla/Algunos estamos deseando librarnos del suplicio de la Evau (de soltera Selectividad) porque son peores los padres que los hijos a la hora de darte la paliza sobre el sacrificio de los niños para superar una prueba que supera el 95% de los que se presentan, pero que sus progenitores te cuenta como si fueran las oposiciones a registradores de la propiedad en el siglo XIX. ¡Tequiyá con la Evau! Ahora te venden como éxito el aprobado en el examen de conducir y hasta te mandan la foto del espigado vástago junto al coche en la Avenida de la Paz después de haber aparcado con corrección. ¡Un héroe de la sociedad del siglo XXI! Sí, aumentan con descaro los papás que pretenden vivir su vida por segunda vez a través de la descendencia. El problema es que ahora nos enteramos por las redes sociales. Qué barrila nos hacen soportar con las graduaciones de estilo norteamericano, manifestación palmaria (que rima con ordinaria) del complejazo que sufrimos los españoles pese a que nosotros inventamos las universidades. Los niños de la Evau de hoy son los que dentro de un cuarto de hora celebrarán sus bodas con 900 o 1.200 invitados, porque en realidad no son las ceremonias de ellos, inocentes e incautos, sino de sus progenitores convertidos en orgullosos pagafantas y, mejor dicho, los paga 'barras libres' de primeras marcas durante seis, siete y ocho horas, los mismos papás que celebran sus casamientos por segunda vez por la vía de sus retoños. Pero no es que se casen en segundas náuseas (perdón, nupcias), sino que repiten sus bodas por medio de sus descendientes y con el argumento fuerza de pagar (apoquinar, sufragar, costear o dejar debido, que también los hay...) para disfrutar de la boda que no tuvieron de solteros porque entonces eran ellos mismos los "hijos de" y no "alguien a considerar" en el mailing absurdo y ridículo de esta ciudad de vanidad mediocre.

En Sevilla cotiza cada vez más ser de una hermandad con virgen no coronada como no estar invitado a ciertas ceremonias. La verdadera clase protagoniza ahora eventos de aforo muy reducido. En realidad es como siempre, como en los años de las selectas meriendas de emparedados de Ochoa, nunca montaditos. Se lo oí hace hace muchos años a un periodista sabio y veterano como Ignacio Martínez al que, por cierto, tuve el honor de saludar en la caseta de la SER en la pasada Feria, de Sevilla naturalmente. "El éxito de un acto social es dejar a gente fuera". ¡Qué sabio Ignacio! La Evau la aprueban el 95% de los que alumnos, lo que me recuerda a las bodas masificadas de los pueblos, donde nadie se queda fuera. "Prohibido armar escándalo al salir de salón". Qué sabios los carteles. No se debe acudir en Sevilla a ningún acto donde no sepas quién toma la palabra ni con quién te van a sentar. Digamos le verdad: la Evau es un trámite como el carnet de conducir. Novilladas sin caballos. Como ciertas bodas.

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