La tribuna

Pablo A. Fernández Sánchez

Gaza: plomo fundido

24 de enero 2009 - 01:00

DESDE 1967 no se conocía una operación militar en Oriente Próximo del calibre de la habida estas últimas semanas en Gaza. El nombre elegido para esta operación israelí ha sido el de Plomo fundido, que da título a esta tribuna. Y ha terminado justo cuando el presidente Obama ha tomado posesión de su cargo como presidente de los Estados Unidos.

Desde luego, nadie puede decir que la operación no ha sido planificada escrupulosamente. En plena vorágine electoral en Israel, al final del mandato de Bush, con Condoleezza Rice en persona en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cuando las estructuras palestinas estaban más debilitadas y con Gaza completamente aislada, por tierra, mar y aire.

Por supuesto que los hechos no minimizan los cohetes de fabricación casera lanzados desde obuses artesanales contra territorio israelí. Sin embargo, cuando una respuesta militar es desproporcionada, no discriminatoria en cuanto a sus destinatarios y se presenta de forma inactual, no inmediata, no puede calificarse como de legítima defensa. Además, la ventaja militar que se obtiene es irrelevante.

Nadie duda del potencial israelí, de su capacidad militar, de su maquinaria diplomática. Pero no hay que equivocarse. El mundo ha cambiado, como muy bien ha reconocido Obama, en su discurso solemne de investidura. Ya no sirven los viejos sistema de enfrentamiento. Gaza ha puesto sobre la mesa lo que ya se intuía. De nada sirve bombardear una población civil y destruir sus infraestructuras básicas porque lo único que se consigue es muerte y dolor. Y la muerte y el dolor, como último recurso del ser humano, está llamado, finalmente, a concentrar la rabia colectiva en torno a los insatisfechos. Por eso, los palestinos de Gaza seguirán fabricando pequeñas armas artesanales para liberar su desesperanza, sobre todo la de los jóvenes, seguirán comerciando en el mercado negro de armas, Hamas seguirá aumentando su prestigio interno y acumulando seguidores, sobre todo entre los dolientes últimos, que se cuentan por miles.

Matar a un ministro del Interior del grupo Hamas y a unos cuantos combatientes, terroristas si se quiere, no justifica bombardear objetivos civiles, donde se incluyen colegios, hospitales, centros de distribución alimentaria, etc. En este sentido, Banki-moon, secretario general de la ONU, mientras Obama tomaba posesión de su cargo, visitaba la zona de la Franja de Gaza, lo que le honra y honra a Naciones Unidas, situándose en esos momentos con los débiles.

Ya sé que Obama no ha hecho mención expresa de la situación en Oriente Próximo, en su discurso de investidura, por cierto, una pieza maestra de la oratoria política. Pero, estoy seguro que eso no significa que no entre en su agenda inmediata. Más pronto que tarde, el liderazgo de los Estados Unidos se tiene que hacer notar en esta zona tan convulsa del mundo. No podemos estar soportando más plomos fundidos indefinidamente, sin reaccionar, porque el precio será muy caro.

Soy consciente de las dificultades del caso y de la implicación de los muchos actores que hay en este escenario. De todos es conocido que la ordenación de Oriente Próximo pasa también por Iraq e Irán, e incluso, sin exageración alguna, por Afganistán. Por eso, será necesario un liderazgo que recomponga y recompense a todos estos actores. Nada más que la tasa de natalidad israelí, mucho más baja que la palestina, tanto de los árabes de nacionalidad israelí como la de los territorios ocupados, es un actor de primer nivel.

Creo, sinceramente, y así tuve ocasión de hacerlo saber con motivo de mi visita a Jerusalén y Cisjordania en 2005, en el marco de la Comisión de Juristas que evaluaba la situación tras la construcción del Muro de Palestina, que los estados europeos tienen que hablar con los responsables de Hamas, aunque sea sólo porque son la fuerza democrática mayoritaria (ad intra) y aunque le consideremos un grupo terrorista (ad extra). No hay que olvidar que lo mismo ocurrió con Al Fatah, a cuyo frente estaba Arafat, y hoy se echa de menos un liderazgo como el suyo.

Por eso, entiendo que la nueva Administración norteamericana no puede perder ni un segundo más en ponerse de acuerdo con la Unión Europea para buscar una solución negociada al conflicto, cuyos parámetros sean la convivencia de dos estados viables en la zona. No es tan difícil, si se tiene la voluntad política.

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