Hacer la compra, hacer el amor

Editor de la 'Revista Mercurio'

Antaño, entre fumatas de porros, greñas y sexo libre, los hippies pedían hacer el amor y no la guerra. Pero los tiempos cambian. Sartre ha muerto. Las soflamas son otras. Ahora se puede hacer la compra en el supermercado y, con suerte, hacer el amor. Hemos conocido la idea de un supermercado alemán en Volkach (Baja Franconia, sur de Baviera). Su gerente ha propuesto que los viernes entre las 18:00 y las 20:00 los solteros en busca de amor y roce puedan hacer la compra. El fin es el de formar parejas en la era del coronavirus. El cierre de espacios físicos para ligar ha llevado al gerente del recinto a promover esta idea dirigida al sufrido single. Fulano o Zutana entran por tanto en el supermercado. Nadie ha de ir necesariamente atildado ni perfumado. La clientela sólo ha de aceptar llevar un corazón visible en la ropa con un número en su interior. A partir de ahí comienza el tornadizo flechazo por los pasillos y secciones del local. Las saetas de Cupido esperan a heteros, gais, lesbianas, bisexuales o indefinidos de toda edad en cualquier parte del supermercado. La saeta del amor puede dispararse en la excitante sección de los lácteos o frente al pródigo género del congelado. Si uno o una se fija con interés en alguien, entonces rellena un formulario en la caja y escribe una anotación a tono: "Me gustaría tomar con usted un zumo calórico en la sección de frutas" o "Me encantaría pasear a tu vera por las orillas del Meno".

Se dice que el amor comienza en agua de rosas y acaba en agua de borrajas. Nunca se sabe. La pandemia azota y la soltería sufre sus estragos en tercera, cuarta o quinta línea de batalla. Nuestro Campoamor decía que estar solo es triste, pero más triste es aún el amor de dos en compañía. A Campoamor ni caso, entre otras cosas porque el supermercado del romance se halla en tierras de Heinrich von Kleist, el gran suicida romántico. Acaba de editarse El fin del amor. Amar y follar en el siglo XXI, libro escrito a pistola por Tamara Tenenbaum, de crianza judía ortodoxa. Indagando en el poliamor, las tecnologías del deseo o la nueva maternidad , la autora celebra el fin del amor convencional y propone una suerte de amor fluido. Imaginemos lo que daría de sí compartir su lectura frente al papel higiénico en los supermercados El Jamón o mientras se escoge el pan en una tienda de Polvillo. El coito de muerte, violencia y anulación que proponía Bataille, mezcla de Sade y Nietzsche, tendría su reflejo frente a las bandejas de lomo adobado de oferta en Supersol.

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