Juan de Mesa, instrumento de Dios

Sé que, al esculpirlo, como cuando Bach compuso su 'Pasión', guio la mano de Mesa algo más que la maestría

01 de abril 2023 - 01:49

No hay distancia de Corinto a San Lorenzo, ni del siglo I a hoy. Lo que San Pablo escribió a los corintios en el año 57 es lo que desde hoy sucede en la Basílica del Señor del Gran Poder. Dicen con sus miradas los devotos, tras mirar al Señor: "Estamos atribulados en todo, pero no aplastados; apurados, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre y por todas partes la muerte de Jesús, para que también su Vida se manifieste en nuestro cuerpo". Y el Gran Poder, maestro de quebrantos, les dice con sus tristes ojos de misericordia, con su espalda vencida, con su exhausto andar: "Estoy atribulado en todo, pero no aplastado; apurado, pero no desesperado; perseguido, pero no desamparado; derribado, pero no destruido; llevando en mi cuerpo siempre y por todas partes la muerte de los hombres, para que también mi Vida se manifieste en sus cuerpos".

Pocas formas mejores conozco de expresar el prodigioso intercambio que se produce entre el Gran Poder y quien lo contempla que yuxtaponer el plural original que nos representa a nosotros y el singular que lo representa a Él. Pocas formas más exactas de definir esta absoluta identificación entre el Señor y el devoto que humaniza a Dios, presentándole tan atribulado, apurado, perseguido y derribado como nosotros podamos estarlo en tantos momentos de nuestras vidas, y a la vez diviniza al hombre que lo contempla haciéndole sentir que las tribulaciones no le aplastarán, los apuros no le conducirán a la desesperación, nunca estará desamparado y, aunque lo derriben, nada podrá destruirlo. En ninguna otra, como en esta imagen, se abrazan de forma tan estrecha y conmovedora la humanidad de Dios y la divinidad del hombre -"porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno probado en todo igual que nosotros"- y contenidos teológicos tan complejos se expresan con tanta claridad para que los más sencillos los comprendan y sustenten sus vidas.

San Pablo escribió estas palabras solo 24 años después de la muerte y resurrección de Cristo, a quien no conoció. Mesa esculpió esta imagen 1563 años después que San Pablo las escribiera. Sé que al hacerlo guio su mano algo más que la maestría artística. Quizás lo que el Señor dijo a Ananías cuando lo envió a curar la ceguera del apóstol: "Ese hombre es un instrumento elegido por mí".

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