En la antigua Grecia las gentes acudían al oráculo de Delfos para intentar descifrar el enigma de lo por venir. El rumoreo de la fuente Castalia, junto al sacrificio ritual de la cabra, animaba a la Pitia a traducir los arcanos insinuados por el dios Apolo. Hoy por hoy, en la era del coronavirus, el oráculo global no es otro que Bill Gates, cofundador de Microsoft, degustador de hamburguesas, altruista y profeta de ocasión. Ha predicho ahora que el verano en España podría llegar a cierta normalidad si el ritmo de vacunación se mantiene. La industria turística alberga esperanzas, aunque se esperan caprichosas variantes del coronavirus.

Consultoras y empresas expertas en el sector turístico también hacen la vez de oráculos. Vaticinan una implosión del turismo en cuanto viajar sea seguro y estemos casi a salvo de miasmas y salivazos. En concreto, se habla de un tipo de turista que va a arrasar como tendencia. Se trata del turista Yolo. ¿Lolo o Yolo?, nos preguntamos con cara de acelga. Una vez más aflora nuestra ignorancia y nos desnudamos en público para escarnio de nuestros atributos intelectuales y físicos. Al parecer, el turista Yolo obedece a un tipo de viajero millennial que busca excitación y divertimento. Es como una actitud vital. No desea bienes ni apegos, sino acumular vivencias, no importa si son peligrosas o incluso tontas. El concepto Yolo se forjó en las redes sociales y es el acrónimo de You Only Live Once (Sólo se vive una vez). Nos tememos que el modelo Yolo es otra forma de segmentar la gran memez que nos rodea como pandemia añadida. No sabemos si fue una Yolo la joven polaca que hace ya años se hizo un selfi junto al puente de Triana y murió al despeñarse por el malecón del río. Narciso se vistió de luto. No entiende uno que el encanto del turista Yolo sea la excitación aliñada con peligro o el puro cólico de vivencias.

La mentalidad Yolo ya había surgido antes del Covid. Pero ahora, tras meses de represión viajera, el turista Yolo va a ser el protagonista absoluto y va a exigir ofertas de ocio sin límite. Se habla también de otra tendencia pareja al viajero Yolo: el turista Fomo. Dícese del turista acuciado por el miedo a perderse algo. Entre el Yolo y el Fomo la industria turística se verá obligada a ofrecer innúmeros destinos que logren atenuar las ansias de los nuevos viajeros. No sabemos si en verano podremos viajar a Europa o sólo hasta Coripe. Quién sabe si para entonces el Lolo que ahora somos habrá muerto de apatía y seremos un Yolo ansioso y técnicamente bobo.

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