A Mallorca con Visconti y Santillana

Hay una izquierda que arresta al pasado imitando a esos militares que arrestaban banderas

30 de junio 2021 - 01:46

El hombre-periódico se pone a repartir el trabajo entre sus redactores. Qué lentos pasan los minutos, qué rápidos los años. Yo también fui de viaje de fin de curso a Mallorca, dice el jefe del área de ocio y vacaciones. Y recuerda aquel sexto de bachiller, el curso anterior al que llegaran las chicas, en que se hizo una doble operación para sufragar el viaje a las Baleares. Por un lado, el estreno en el cine más comercial del pueblo de Muerte en Venecia, de Visconti, para escándalo del gobernador civil como consta en la prensa de la época. Entonces no sabíamos quiénes eran Mahler ni Thomas Mann. He vuelto a ver alguna vez la película, aunque no tantas como Alfonso Guerra, a quien sin embargo le gano en Yo hice a Roque III. La otra fuente de financiación del viaje a la tierra donde estuvo preso Jovellanos y donde se enamoró Caballero Bonald fue un partido de rugby en el campo del Calvo Sotelo. El único que he jugado en mi vida. Fuimos en barco desde Valencia y volvimos por Alicante. A bordo, dieron la noticia de que Santillana tendría que dejar el fútbol porque sólo tenía un riñón. Casi una década después, le metió cuatro goles a Malta. Hoy me siento italiano y musical, dice eufórico el jefe del área de Cultura. La frase la pronuncia Sean Connery en Jamaica en el primer James Bond y dio lugar al nombre de un grupo asturiano que con Jesús Melgar de mánager actuaba en Bagdad la noche que empezó la guerra del Golfo. Hoy me siento Irene Montero, no sé si ir al psiquiatra o directamente presentarme en el Consejo de Ministros. El subjefe de la subárea de literatura quiere cubrir un homenaje a Pemán. El alcalde de Cádiz, según el habla de esta tierra estudiada por el lingüista y pregonero Pedro Payán Sotomayor, es un babucha. Hay una izquierda neorrococó que no hizo la mili pero se quedó fascinada con esos militares que arrestaban cañones, banderas o caballos por un acto de indisciplina. Ahora está de moda arrestar al pasado, da igual que Pemán fuera amigo de comunistas como Rabal o Alberti. Dos días después de la muerte de Pemán nacía en El Puerto Joaquín Sánchez. El jefe del área de Deportes asocia este dato con el viaje de España de Copenhague a San Petersburgo. Nos hubiera gustado volver a derrotar a Napoleón en tierras rusas, pero las tribus del cantón lo han impedido. En Suiza nació el mito de Frankenstein, allí murieron tres genios sin Nobel (Joyce, Borges, Nabokov) y España ganó un Mundial que empezó perdiendo con Suiza aquel bloomsday de 2010 que presidió Paco García Tortosa. El jefe del negociado de urbanismo hace balance del gentío que pasó por el estadio de la Cartuja: suecos, polacos y eslovacos suena a suevos, vándalos y alanos. Vandalia es una excelente colección de poesía y el nombre del equipo de fútbol de la localidad granadina de Peligros. También pasaron portugueses y belgas, que tienen su consulado en la calle Fabiola, aunque no es por aquella reina, hermana de Jaime de Mora y Aragón, sino por la novela de un cura que nació en Sevilla y llegó a ser arzobispo de Canerbury. Rápido, que tenemos que cerrar. Aragoneses en la Moncloa. Bajito y maleducado. Como Torrebruno en Todos a la cárcel.

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