La ciudad y los días

carlos / colón

Miserabilismo y populismo

ES miserable trasladar la polémica de la sanidad pública a la operación del Rey. "Hubiera preferido que el Rey fuera a un hospital público", ha dicho Rubalcaba. Y yo preferiría que algunos políticos socialistas actuaran, en lo que se refiere a la honradez, la educación, la cultura o la sobriedad, de acuerdo con los fundamentos ideológicos de su partido. "La defensa de la sanidad pública se hace usándola", ha dicho Susana Díaz. Y yo le recordaría que la defensa de todo lo anterior -honradez, educación, cultura, sobriedad- se hace practicándolas. "El Rey se posiciona con los privatizadores", ha dicho Cayo Lara. Y yo le sugeriría que taparse la nariz para no oler el escándalo de los ERE y seguir compartiendo el Gobierno de Andalucía les posiciona con quienes por acción u omisión fueron los responsables.

"¿Qué acciones piensa emprender el Gobierno español para que la ciudadanía tenga el mismo trato sanitario del que goza el jefe del Estado?", quería preguntar ERC en el Congreso. Y yo les pregunto: ¿Qué acciones piensan emprender los políticos para que la ciudadanía tenga el mismo trato que ellos, las mismas dietas, el mismo blindaje (aforado) ante la ley, los mismos pagos tras cesar en sus funciones, los mismos coches oficiales, las mismas comilonas y viajes cargados al erario público? Tirémonos todos a la piscina de la demagogia más grosera.

Y de la mano de la demagogia, el oportunismo. El portavoz de ICV ha dicho que "la delicada salud" del Rey ofrece una buena oportunidad para plantear un debate acerca de la necesidad un Estado republicano. Hay muchas otras buenas oportunidades planteadas por la mala salud de la política española, intoxicada de independentismo. Por ejemplo para replantearse el coste del Estado de las Autonomías, adelgazar los organismos duplicados o triplicados, acabar con el esperpento de las embajadas regionales, terminar con los privilegios de las comunidades "históricas" o prestar oído a Felipe González cuando afirma que "la independencia de Catalunya como objetivo es imposible, reitero imposible… Y galopar hacia un imposible puede generar una fractura política y social que cueste 30 o 40 años soldar". Un González que, junto al Bono que ha afirmado que "defender unos derechos previos a la Constitución es lo más carlistón, trabucaire y cerril", ha sido desautorizado por Elena Valenciano como "vieja guardia". La revolución cultural maoísta, vaya.

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