Monteseirín ha vuelto a nacer

El alcalde que fue monaguillo y portó al Cachorro en privado superó un trance muy delicado el pasado puente de diciembre

Monteseirín, en una imagen de archivo
Monteseirín, en una imagen de archivo

27 de diciembre 2022 - 04:00

Desde ese Real Alcázar que tan bien nos tiene cuidado su alcaide, Román Fernández Baca, llamamos el día 24 a Alfredo Sánchez Monteseirín para felicitarle las pascuas de Navidad. Nada de mensajitos despersonalizados y reiterativos, ni nada de deseos de “valores positivos” y otras gaitas para no felicitar lo que hay que felicitar. ¡Qué mejor lugar para telefonear al alcalde que más años ha estado en el potro de tortura de la ciudad! Allí, rodeado de pavos, patos y gorriones que pleitean por los restos que dejan los turistas, hablamos un rato con Alfredo, el alcalde que, gustase o no, apasionara más o menos, tuvo un modelo de ciudad y el valor de llevarlo a cabo cada mañana para terror de sus colaboradores, que cada amanecer temían sus nuevas ideas. La peatonalización de Asunción o de la Avenida, incluida la Plaza Nueva patas arriba, las dichosas Setas, los pasos soterrados, las subvenciones a las hermandades, la construcción de los tanatorios a los que acudes a dar el pésame y allí están las placas con el nombre de Alfredo, la fundación del Cecop, la reurbanización de tantas y tantas calles... ¡No paraba!

Pues cuando le felicitamos la Navidad nos sorprendió con una voz de persona muy animada, con vitalidad y fuerza, pero que de pronto nos dijo: “¿Sabes que el día 7 volví a nacer?”. Y nos contó el trance que sufrió como tantas personas a las que de pronto sorprende un sopitipando y le ven los cuatro velones rojos al paso de la Canina sin tiempo a que pase el Santo Entierro Grande. En pleno puente de diciembre, la peor fecha para ponerse malo, malísimo, nuestro Alfredo las pasó canutas. Hay quien cree que le sumaron los puntos que tenía del monaguillo que fue del padre Gómez Guillén, el alcalde que se hartó de poner medallas de Sevilla en los pecherines de las vírgenes y, sobre todo, el médico que una noche portó al Cachorro en un traslado privado al que se llevó a su hija para que viera la perfecta lección de anatomía que enseña el crucificado de Ruiz Gijón. “He vuelto a nacer, me salvaron en cuatro horas”.

Y ahora vive estas pascuas ilusionado como un crío, como tantos que conocemos que sufrieron el telele y lo pueden contar gracias a la sagacidad de médicos y familiares. Nuestro Alfredo volvió a nacer en las vísperas gozosas de la Inmaculada que, por cierto, restauró su teniente de alcalde, Antonio Rodrigo Torrijos, y ahora te responde al teléfono con un torrente de voz envidiable. Mucha salud para el alcalde con rotonda a los pies del rascacielos. La de veces que hemos discrepado... Y lo que nos alegramos de poder continuar con los debates de la ciudad que nos une.

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