La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Quizás el adjetivo más adecuado para la situación sea el de desbocados. Mientras actúa con celo el lógico sentido inquisidor que escudriña rincones a la caza y captura de reuniones masivas y de botellonas de todo tipo, el personal que obra con mascarilla pero a cara descubierta se ha desbocado. Sólo hay que darle un vistazo a los fines de semana para darse cuenta de cómo está la cosa, de cuan complicado resulta encontrar plaza en cualquier comedero que se precie... y que no se precie. Las voces que critican tal estado de cosas braman por el peligro que suponen los contactos ante un enemigo tan invisible como tremendamente peligroso y eficaz. Pero resulta muy complicado que el personal acceda a una estabulación que se eterniza, no comprende las razones por las que el peligro del bichito se acentúa según a qué hora y se desboca; conque Dios nos coja confesados.
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