NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
La fotografía del niño Aylan Kurdi muerto boca abajo, con los brazos separados, estremeció al mundo en septiembre de 2015. Con sólo tres años, apareció ahogado en una playa de Turquía, tras el intento de la familia de llegar a Grecia en un bote neumático huyendo del conflicto sirio. También perecieron su madre y su hermano, víctimas de la crisis migratoria.
Hoy, con otros protagonistas y en otros escenarios, se repiten las imágenes de hombres, mujeres y niños que, en su desesperación emigran de cualquier forma. La mayoría se lanza a la mar. No tienen miedo. Para ellos, en la otra orilla está el paraíso, un mundo nuevo, un mundo mejor. Así se lo venden, así los estafan las mafias que trafican con ellos. Y se convierten en las miles de sombras que trae la marea, que cantaba Chambao, Papeles mojados, papeles sin dueño porque varios centenares de ellos quedarán para siempre en las aguas del Mediterráneo o en las del Atlántico y con ellos sepultados sus sueños.
Y en este contexto de desesperación y muerte, una noticia en los medios de comunicación de mi tierra me golpea con su terrible realidad, "Cuatro muertos, entre ellos, un niño, tras hundirse una patera en las costas de la Región de Murcia". La embarcación llevaba 17 inmigrantes y han rescatado con vida a 12. Una persona sigue desaparecida. La presión migratoria no cesa y a las islas Baleares, más de un centenar de inmigrantes han logrado alcanzar sus costas, al parecer procedentes de Argelia y, en su especulación, algunos ya responsabilizan al Gobierno de su llegada por el acuerdo con Marruecos sobre el Sahara.
Son miles de inmigrantes irregulares, el Continente Móvil, más de doce mil en lo que llevamos de año que, antes en cayucos, desde hace unos años en pateras, llegan a las costas canarias, andaluzas o al Levante peninsular, huyendo de ser noticia o motivo electoral y buscando el paraíso que les dibujaron para desembarcar, cuando lo consiguen, en una bruma espesa de falsedades, donde se les recibe con miedo o como un peligro a su situación personal, familiar e, incluso, laboral.
La inmigración, lo que es una dura realidad, algunos desde sus privilegiadas plataformas, la llenan de bulos y mentiras sobre privilegios y se olvidan de que muchos de estos inmigrantes son necesarios y, enciman, son explotados. Quieren que llamen a la puerta para entrar como esclavos, como mano de obra barata, pero resulta que son personas.
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