La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Del primer año de la serie Aquí no hay quien viva recuerdo de forma entrañable aquel aviso de una de las ancianas cuando los vecinos se metían en discusiones y ella, mientras encendía un pitillo, avisaba a sus adláteres para que se asomaran a la ventana a seguir la contienda:“¡Pelea, pelea! ¡Radio Patio, Radio Patio!”. Justo ahora recuerdo aquella secuencia con ocasión de la protesta del rector de la Universidad de Sevilla, mi dilecto Miguel Ángel Castro, que me merece todos los respetos por su valentía en muchos asuntos de actualidad en los que le hubiera resultado más cómodo ponerse de perfil, como hacen tantos protagonistas de la vida pública hispalense (ojo, he dicho dicho hispalense y no sevillana) y no meterse en los charcos. A Castro no le gusta un pelo que haya comenzado a impartirse en la Universidad Loyola de Sevilla el Grado de Medicina. Hay que agradecer que lo diga con meridiana claridad, con independencia de que tenga más o menos razón. Será que uno está harto de coles de suavones, perfiles políticamente correctos y pusilánimes en horario de oficina. La razón, como la juventud, está sobrevalorada en muchas ocasiones y ya sabemos que genera monstruos. El tema es verdaderamente sensible solo porque de ese Grado de Medicina saldrán los que tendrán que curarnos de nuestros males dentro de menos de diez años si es que seguimos vivos y coleando, dicho sea en el mejor de los casos. Distinto es que hagan falta más médicos, que se necesitan verdaderamente. Más... y mejor pagados para que no se vayan a otras naciones que todos sabemos.
La sanitaria es la brecha por la que caen los Gobiernos, que le pregunten a la tertuliana Susana Díaz (“¿Cómo estás, canijo?”). Cuidado, Juanma, porque las faltas que menos indulgencia inspiran a los contribuyentes de hoy son las de la sanidad . Ahora mismo hasta cuesta trabajo conseguir una cita por la vía privada. Nos importa un pepino de qué marca es el esmoquin del presidente de la Junta de Andalucía en la ceremonia de los Grammy, pero nos escuece enormemente tener un abuelo, un padre o un hijo en la cola de espera de un especialista. Cuidado con las banalidades disfrazadas de apoyo a la moda andaluza. Hacen falta más médicos, nadie lo dude, pero bien formados. ¿Se pelean los señores rectores por la calidad de la enseñanza o por el negocio puro y duro? Porque nos tememos que es lo segundo. Adelante los rectores que se meten en el fango, adelante los que opinan en los debates. Solo pido que no veamos aquellos dolorosos anuncios de los años ochenta:“Se necesitan tres médicos. Absténganse licenciados por la Universidad de la Laguna”.
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