EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Prolepsis narrativa

DOY un repaso al libro de ejercicios de Lengua y Literatura de 1º de ESO que estudia mi hija. Veo un capítulo que me llama la atención sobre las técnicas del relato. Leo al azar: "Tiempo cronológico del relato", "tiempo interno de los personajes", "prolepsis narrativa"… Le pregunto a mi hija si entiende algo. Se encoge de hombros y me dice que no. Le pregunto si le interesa. Me dice que no. Pero ella sigue haciendo sus deberes, forcejeando con la prolepsis narrativa (también llamada prospección), y después con el tiempo "cronológico" de la narración, que es distinto -faltaría más- del tiempo "interno" de los personajes.

¿Nos hemos vuelto locos? Mi hija va a cumplir trece años y está estudiando temas sobre los que muchos escritores no sabrían dar una explicación razonada. Tengo cierta experiencia en talleres de narrativa, pero nunca he hablado de la prolepsis, también llamada prospección, y sólo en contadas ocasiones he comentado el tiempo "interno" de los personajes, y lo he hecho ante alumnos que tienen un gran interés en la narrativa y que además son magníficos lectores y saben escribir bien. Y no creo que ésta sea la situación de los estudiantes de ESO, a los que no imagino como lectores voraces con una gran capacidad expresiva. Una vez más nos equivocamos en los planteamientos educativos. ¿No sería mejor que los estudiantes leyeran un puñado de narraciones, aunque fueran de la serie Crepúsculo, antes de enseñarles el tiempo interior de los personajes? ¿Y no sería mejor que hicieran comentarios detenidos de lecturas, y luego resúmenes, y luego explicaciones orales de las tramas y de los personajes que han leído?

Nuestro sistema educativo tiene la pésima costumbre de construir la casa por el tejado. Le da demasiada importancia a los áridos temas abstractos, antes de intentar por todos los medios que los alumnos de ESO entiendan un texto narrativo, y aprecien y lo disfruten, y luego lo resuman y lo expliquen por escrito. Habría que recuperar las redacciones, para que el profesor enseñara el buen uso del vocabulario y la sintaxis, y después los alumnos deberían acostumbrarse a redactar con claridad y precisión (los profesores tendrían ahí una tarea gigantesca). Pero sólo así se podría conseguir que los alumnos supieran hacer un buen uso del lenguaje, cosa que les serviría por igual para ser médicos o ingenieros o mecánicos.

Nos quejamos del fracaso escolar, pero muchas veces este fracaso no es más que una consecuencia del fracaso del sistema educativo. Se puede fracasar por ser demasiado teórico. Se puede fracasar por despreciar lo evidente. Se puede fracasar por no saber dar los pasos adecuados desde lo más fácil a lo más difícil. Y no vamos por buen camino.

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