¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
EL pasado domingo la Iglesia celebró la Jornada Mundial de las Misiones, más conocida como día del Domund, de la que esta edición se cumplen noventa desde que fuera instituida por Pío XI en 1926, y que cada año nos devuelve a la niñez de huchas y sobres en sepia que nuestras madres ponían en las carteras para el colegio. No es casualidad que el papa Francisco haya llamado especialmente la atención sobre la importancia de la evangelización y de la caridad que imprimen el carisma de las misiones, quizás el pilar más importante de su Pontificado, caracterizado por el refuerzo de las cuestiones sociales por delante de las dogmáticas.
Desde Barcelona, tan distinta, siempre la vanguardia en los más diversos ámbitos, también en el de los movimientos solidarios, nos llegan las palabras pronunciadas por Pilar Rahola en la Sagrada Familia, invitada por las Misiones Pontificias para pronunciar el Pregón del Domund. Posiblemente de pocas personas se tenga peor opinión que de esta mujer polemista y polémica, antigua dirigente de ERC e independentista, además de atea. Conozco a más de uno que, si al bueno de nuestro arzobispo se le ocurriera designarla aquí para algo parecido, ya estaría organizando las misas de desagravio (con o sin procesión).
Sin embargo, el que haya leído su texto (de fácil acceso a través de internet), se llevará seguro una agradable sorpresa. Pocas veces una declaración pública de una persona no creyente tiene un contenido tan respetuoso en el tratamiento, tan denso en su sencillez, tan cercano pese a los prejuicios y tan elegante a pesar de la distancia ideológica. Y tanta honestidad intelectual al tratar la tristeza del no creyente puesta en comparación con la idea luminosa de Dios, el reconocimiento de los valores cristianos como valores universales directamente entroncados con los derechos humanos, la defensa de la tantas veces denostada caridad bien representada en tantas misiones de la Iglesia. El catecismo, concluía categórica, como el programa político más sólido y fiable que podamos imaginar.
Y leyendo todas estas cosas de una persona en principio tan distinta a mí, pensaba si en realidad somos tan diferentes unos a otros, si hay verdaderas razones para una sociedad tan dividida, si no nos convendría a todos hacer un esfuerzo por entender las razones del otro, y más cuando éste de vez en cuando habla de nuestras cosas mucho mejor que nosotros.
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