La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Redondo o la España de los chuflas

De tanto demandar una visión humana de la política hemos acabado sufriendo una versión narcisista y almibarada

Iván Redondo

Iván Redondo

De un tiempo a esta parte le llaman asesor áulico, gurú, experto en coaching, analista y otros términos tan vacíos como exagerados a lo que de toda la vida ha sido un simple enterao. Vivimos la era de los enteraos elevados a las máximas posiciones de mando. Nos asfixian con sus banalidades de aprendices de estratega, tratan de impresionarnos con citas literarias matinales con las que camuflar su falta de hábito por la lectura y crear un halo de inquietud intelectual, nos torturan con fotografías de las vidas saludables de sus jefes o de ellos mismos. Sí, la entrevista del tal Iván Redondo inspira este artículo.

Producía vergüenza ajena ver a este doctorado en venta de crecepelo mover la fichita del ajedrez y hacer uso una y otra vez del pretencioso latiguillo "in my opinion". Estos enteraos vendían antes enciclopedias por las casas, poniendo el pie en la puerta para que el inquilino no pudiera darle con ella en las narices. Ahora los tenemos en las instituciones colocando sus pociones mágicas a políticos con prisas por llegar al poder y perpetuarse. Redondo es un personaje sonrojante como muchos de los que lo han contratado. Es el icono de la política banal, de la España del tuteo, del enaltecimiento del blablabá, un charlatán que es víctima de su propio ego, pues lo que antes sabían cuatro e intuíamos muchos, lo sabe ya toda España: es el ejemplo más preciso de la política pobre, fatua, minimalista en lo ideológico y tremendamente pueril. Añoro los tiempos en que de la vida personal de los políticos sólo se sabía el día de la jornada de reflexión y acaso en las vacaciones. De tanto reclamar una visión humana de la política hemos acabado sufriendo una versión narcisista y almibarada. Redondo y sus mariachis, que anidan en todos los partidos, no resisten una comparación con muchos de los gobernantes y asesores de los años ochenta y noventa.

La discreción deberá volver a primar pronto en la vida pública. La auténtica regeneración consistirá en buena medida en que no tengamos que sufrir a presidentes haciendo deporte, sino gestionando presupuestos. Es Muñoz Molina quien pide a los periodistas que demos difusión a quienes hacen cosas "verdaderamente sustanciales" por el bien de la sociedad. Por eso los primeros que tenemos que reflexionar somos quienes hemos dado altavoz y pedestal a quienes nunca debieron tener eco más allá de su casa. La España vacía no es la de los pueblos castellanos, sino la de estos chuflas a los que compramos las majaderías de saldo que nos venden en sus puestos de quita y pon. Vacía de buena educación y recato. Trabajen más. Y hagan la gimnasia en privado, por favor.

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