Viva Franco (Battiato)

Semana Santa en globo

Hasta el más pasmado sabe ya que este año no habrá Semana Santa. Los cofrades andan mohínos

Aquienes sufrimos vértigo severo viajar en globo nos parece una aventura de mal gusto. Aunque sea desde tierra, ver volar a esos globos inflamados por el cielo nos provoca mareo y una palidez de rigor mortis. No obstante, parece que resultó aguda la idea de que los Reyes Magos bajaran a Sevilla en globo siguiendo instrucciones de Julio Verne. Al rato, nos llegaron al móvil memes con pasos de Semana Santa en globo. La epifanía se hizo cuaresma. El incienso pasó de Belén al Gólgota. En alguna viñeta negra hemos visto más de una vez al Niño Jesús tocado con corona de espinas. No nos parece irreverente, pero sí un exceso de precipitación. En el citado meme el paso del Cachorro volaba en globo a cielo abierto sobre el caserío del Mediodía. O sea, que no llovía, lo que es de agradecer tratándose del historial del Cachorro.

Hasta el más pasmado sabe ya que este año no habrá Semana Santa por la pandemia. Los cofrades andan mohínos. Habrá una pasional exposición en la Fundación Cajasol con todo el ajuar posible. Sabrá a poco. Una solución alternativa podría ser la Semana Santa en globo. 2021 ha entrado fuerte en cuanto a irrealidades muy reales. El chirigotero asalto al Capitolio o los trineos con perros por la Gran Vía de Madrid han sido posibles. La realidad maltrata y se mofa de la ficción. Por eso no nos parecería irreal la idea de una Semana Santa en globo. Imaginemos un Domingo de Ramos de sol como el de la bandera argentina. Todos miraríamos a los cielos azul Hiniesta. ¿No sería maravilloso poder hacer estación de penitencia en globo? Las cofradías y sus zepelines cruzarían los barrios de la ciudad deprimida. Desde la Giralda o desde la Torre Pelli las marchas procesionales atronarían con bafles colosales. Al porteño Oliveiro Girondo le habría agradado la estampa y le habría hecho evocar su visita a Sevilla en 1923. Las cofradías harían su recorrido aéreo por las calles dadas. El nazareno en versión aeronauta lo sentiríamos como cosa propia. Incluso algún paso podría regalarse un garboso meneíto de regreso en globo a su templo. Llegada ya la noche, seguiríamos la pista de los pasos en globo con candelería de cirios eléctricos y destellos de muy digna ensoñación.

Y así un Lunes Santo, un Martes Santo, etc. Imaginemos la apoteosis de una Madrugá por los benditos cielos de Sevilla. La luna de Paresceve nos guiñaría un ojo, tal y como hace la oblea de la noche en el Viaje a la luna de Georges Meliès. Todo ensueño delirante y patafísico puede ser real, muy real. Atentos.

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