La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Silencio, castañuelas del mundo

Desde ayer y a la sombra de Mañara, todas las castañuelas del mundo han enmudecido porque ha muerto su rey. Se ha ido para siempre Carlos Fernández Villarín, de los Villarín de toda la vida de la Puerta Real, el hermano del Picoco y del Añoño, aquél que una tarde en Heliópolis tiró una falta y se volvió de espaldas porque no podía ver un gol contra su Betis. Carlos Fernández, el menor de una larga saga que encabezaba Concha la del Yoni, aquella que sacó a Rocío Jurado y que echaba las cartas en Chipiona, fue figura grande del arte de tocar los palillos como número fuerte en la compañía de la gran Concha Piquer. Tenía una gracia excepcional que un día tocó el cielo en una respuesta a Luis del Olmo. Carlitos, ¿Es caro ir a la Expo?, le preguntó. Mira, Luis, un matrimonio con dos hijos como vaya dos veces juega la promoción. Descansa en paz, Carlos, amigo.

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