Acción de gracias

Valentía

Es importante poner rostros a los refugiados, frente a la gente que piensa en quienes vienen de fuera como una masa informe

Mamadou corrió durante toda una noche hasta que dejó la tierra donde había vivido, Casamance, en Senegal, y cruzó la frontera hasta Gambia. Huía de una guerra que enfrentaba al Gobierno de su país con un movimiento que reivindica la independencia de su región, de una disyuntiva terrible que habían vivido otros jóvenes, a los que daban a elegir: o se sumaban a la causa rebelde o los mataban. A Mamadou le negaron el asilo que pidió en España, pero, mientras solicita el arraigo laboral y trabaja sin contrato en un campo de cultivo de fresas de Huelva conserva el optimismo, se aferra a la esperanza. Conmueve cómo habla de ganarse la vida honradamente, consciente de que hay maneras turbias -"cosas malas", dice- para ganar dinero fácil, emociona también cómo compara la gastronomía de su tierra de origen, sabores para los que no encuentra una palabra en castellano, con la de su tierra de acogida. Leyendo su historia, uno desea que el porvenir sonría a ese tipo, del mismo modo que continúa sonriendo él pese a la adversidad.

La historia de Mamadou forma parte de un hermoso proyecto que ha abordado la periodista Carmen Valiente, Empezar de cero, en el que reúne los testimonios de cuatro personas que pasaron por el Centro de Acogida al Refugiado (CAR) de Sevilla. La autora de estas entrevistas comprueba cuál es el panorama que afrontan esos hombres y mujeres años después de su llegada a España, les pregunta cómo les ha tratado el destino en el que desembarcaron. Aminat, una de las protagonistas, procede de Chechenia. Es diplomada en contabilidad, pero, como asegura Valiente, ante todo es madre, y en la charla detalla cómo se desvive por la feclicidad de su hijo, al que prepara borscht. Lewis es venezolana, y dejó sus raíces animada por la participación en un concurso de belleza que resultó ser un fraude, también por el alto número de asesinatos a personas trans que registra su país, cansada de haber recibido amenazas. Ahora se mantiene como diseñadora de moda mientras espera que su situación laboral mejore, que los prejuicios y la miopía que observa en algunos desaparezcan. Ella es quien define el término refugiado como "sinónimo de valentía". La guerra obligó a Riad a dejar Siria, y él aguarda ahora que el restaurante para el que trabajaba lo vuelva a contratar mientras afirma sentirse integrado en España. Leyendo estas semblanzas, uno piensa en lo importante que resulta la labor de periodistas como Valiente, que ponen rostros concretos a los refugiados e inmigrantes, dan voz a sus anhelos y emociones, nos recuerdan su valentía, frente a esa gente egoísta y cobarde que prefiere ver a los que vienen de fuera como una masa informe, como un asunto que no les concierne.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios