La aldaba

Carlos Navarro Antolín

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Zarpazos susanistas en los pueblos

Susana cierra la sede de la agrupación rebelde de Coria del Río tras imponer una gestora y trata así de parecer fuerte

Susana Díaz. Susana Díaz.

Susana Díaz. / EFE

No la conocen quienes dicen que está acabada. No saben bien de su trayectoria los redactores de su esquela como personaje público. Ella vive por y para su concepto de la política, que comienza por tener siempre bien amarrado el poder orgánico. No se dejará llevar por los cantos de sirena de un ministerio efímero, el boato de la presidencia de la Cámara Alta u otros cargos de relumbrón institucional. Ella no vale para eso, primero porque no se deja embelesar por ciertos focos, y segundo porque sabe que aceptar cualquiera de esos ofrecimientos es depender del dedo del enemigo. Removerla de esos cargos cuesta un minuto, sacarla de la secretaría general del PSOE andaluz requerirá de arietes, catapultas y toda una infantería animosa, convencida del objetivo y de la victoria. La lucha comienza por abajo. Por las agrupaciones, esas que ella controla como nadie.

¿Se han fijado en una caraterística común entre ella y Javier Arenas? Nunca dejan de ser turroneros, de hacer la ruta por los pueblos. Ven al ex vicepresidente del Gobierno en un acto de la capital y otro día en un municipio del Aljarafe. Susana lo mismo. Si hay que imponer una gestora en la agrupación del PSOE de Coria del Río para reducir el empuje de las fuerzas rebeldes, se impone y punto. Es más, el susanismo es implacable. Por eso, la gran jefa ha ordenado a un miembro de su guardia pretoriana, como es Antonio Pradas, que mande una cartita y eche el cerrojo a la sede coriana con el pretexto de que hay que adecuarla a los tiempos de pandemia. Ay, qué risa María Luisa. ¿Y los centenares de sedes socialistas de Andalucía están ya con todas las reformas y medidas tomadas para estos tiempos? Menudo zarpazo en Coria del Río. La turronera mayor del reino socialista andaluz está en forma, como en sus mejores tiempos en la facultad cuando no dejaba de repartir solicitudes para que todos se hicieran del PSOE. Intervenir sedes es mucho mas divertido que soportar las sesiones del Senado, o que dirigir un ministerio de lunes a viernes. El susanismo es como la materia. No desaparece, sólo se transforma.

Una cosa es que haya dejado de oír a gente fiable y otra que esté acabada. Está muy viva para alegría de los chicos de Bendodo, que la prefieren de nuevo como candidata mil veces más que a Juan Espadas. Si será ella lista que sabe que por el río se conquistan las grandes ciudades. Empieza por Coria y acabará por donde haga falta. Si hay que cerrar sedes, se cierran. Todavía inspira miedo. Aunque no tanto como hasta hace dos años, porque ya ha entrado en el club de los sufridores de los tuitsde Amparo Rubiales. Y sufridoras, claro.

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