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tomás garcía rodríguez

Doctor en Biología

El árbol coral de Anahí

Hoy se puede disfrutar en los históricos Jardines de la Caridad de sesenta especímenes arbóreos

El árbol coral es una planta leguminosa que recibe una resonante denominación latina, Erythrina crista-galli, debido al grana carmesí de sus melíferas flores en racimo que atraen a insectos y a todas las miradas, recordando la cresta de gallo; se la conoce también por otros nombres comunes, tales como ceibo o bucaré. De porte recortado, expone unas ramas espinosas con artísticas hojas trifoliadas color verdemar. Con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, uno de ellos se plantaría en la entrada del Hotel Alfonso XIII, donde pervive a duras penas con tronco robusto, deforme y ahuecado, aunque ya extienda sus nuevas hojas al aire primaveral; otro más joven y resplandeciente se yergue a su lado, enlazando con los también existentes en el Pabellón de Cuba, la Isla de la Cartuja y el cortijo del Parque del Alamillo.

En los hermosos jardines situados frente al Hospital de la Santa Caridad, inaugurados en 1902, se puede observar un maduro ejemplar de este hermoso árbol de flor escarlata. Este enclave ribereño era colindante con los románticos paseos decimonónicos que frecuentaban las clases acomodadas y que superarían en orden de preferencia a los de la Alameda de Hércules. Después de múltiples avatares y olvidos, entre caminos de albero, tapices cespitosos, arbustos y setos, hoy se puede disfrutar en los históricos Jardines de la Caridad de sesenta especímenes arbóreos, entre los cuales destacan, además del ceibo, la jacarandá, el magnolio, el algarrobo, el árbol del fuego, la palmera canaria o un decrépito olivo tricentenario. Una impresionante estatua que representa en actitud benéfica a Miguel Mañara y Vicentelo de Leca, obra póstuma del escultor sevillano Antonio Susillo, preside el armonioso conjunto botánico. Este insigne y piadoso Caballero de Calatrava, sujeto de fantasiosas leyendas, dejó plasmados nobles y místicos sentimientos sobre la lápida que cuidaba sus restos a la entrada de la magnífica iglesia barroca de San Jorge aledaña al hospital, erigidos ambos bajo sus auspicios: "Aquí yace en los huesos y ceniza el peor hombre que ha habido en el mundo. Rueguen a Dios por él".

Procedente el árbol coral de regiones sudamericanas, se cuenta desde los remotos tiempos de la conquista española en tierras del Paraná que Anahí, una valiente guerrera aborígen, fue quemada en la hoguera defendiendo ardientemente a su pueblo guaraní y, cuando cesaron las llamas, surgió en su lugar un espléndido y florido árbol coral. Desde entonces, sus ecos resuenan en la canción de Osvaldo Sosa: "Anahí / indiecita fea de voz tan dulce / como el aguaí. / Anahí, Anahí / tu raza no ha muerto, perduran sus fueros / en la flor rubí". También evoca su trasmutación floral el poema de Lucy Shines: "Flor del ceibo, / bella flor rubí, / flor nacional argentina / que adorna los campos /.../ Flor del árbol guaraní, /.../ Allí, un día habitó Anahí, / la guerrera de la dulce voz, / cuyo noble corazón / quedó inmortalizado / en la bella y roja flor".

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