¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
No es que la palabra de la extremeña María Guardiola valga menos que los puntos de la tarjeta del supermercado. Es que no habíamos visto nunca mansear tanto a alguien con ese apellido, que en Andalucía es símbolo de nobleza, bravura, arrojo, largura, fijeza... El suyo es un claro ejemplo de la fatuidad de la política actual, donde el componente teatrero tiene mucho más peso que la base de verdad. Todos hemos visto en directo y en menos de diez días que no es que la política sea una noria, sino que puede quedar tan desnuda que apreciemos las vergüenzas con una nitidez grosera. La moderación debe ser la capacidad de mantener un discurso que permita poner el intermitente a la derecha y girar a la izquierda. Por eso hay que desconfiar cuando alguien se expresa con la legítima contundencia con que esta Guardiola lo hizo. ¿Recuerdan al que no podía conciliar el sueño si tuviera ministros neocomunistas de Podemos? Al poco tiempo se tragó cinco.
La de los pendientes con la tricolor extremeña se ha tragado a Vox en su Ejecutivo. ¡Pista que va la artista! Representa la facción más comercial de los partidos, donde parece que todo es posible con telegenia, fotos estudiadas, redes sociales y discursos de manual. Llega el vendaval de la realidad y te deja como el gallo de Morón. Era fácil, muy fácil, pero María, ella solita, lo complicó de forma absurda convirtiendo Extremadura en el foco de la noticia en el momento más delicado para el PP de Génova y ofreciendo además esa cara de la política que está fabricada de cemento. El bellotazo de la Guardiola le ha podido costar cuatro o cinco diputados a Feijóo. En dirigentes como ella debía estar pensando Sánchez la noche de las municipales, cuando reunió a los suyos en la Moncloa para tomar una decisión urgente: convocar el 23-J. “Echemos las redes en las aguas del adelanto electoral que seguro que alguno se enreda”. El de Valencia fue el más listo. La de Extremadura... toda España lo ha presenciado.
Ver de nuevo las declaraciones de Guardiola, tan segura, tan digna, tan gobernanta de colegio mayor que no admite gamberros, provoca una combinación de sonrojo y... tristeza. Alguien que dijo lo que dijo y que ha terminado de hacer que lo ha terminado de hacer debería tener, al menos, la valentía de marcharse. Dice que el interés de los extremeños es superior a su palabra. Nunca lo dude doña María. Ha quedado claro que muy por encima de su palabra están hasta las fichas de un Lego. Se ha pegado un atracón de migas y no tiene un vasito de agua a su lado. Mejor. En boca cerrada no entran bellotas.
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