La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Sevillanos gruñones con las obras
Hay problemas que se enquistan en la ciudad, que pasan a ser admitidos con toda normalidad y, también, con meritoria paciencia. El sevillano aguanta mucho todo el año, es experto en digestiones difíciles. Cada domingo es una delicia pasear por la calle Asunción, pero una incomodidad palmaria hacerlo por la Avenida de la Constitución. Advertimos desde hace meses los problemas de la Avenida, que no son solo los de la combinación del carril bici, las terrazas, los chirimbolos y el turismo masivo. Se han convertido en habituales los manteros que al desplegar su oferta comercial suprimen el escaso espacio del que dispone el transeúnte. Es la Avenida de los Manteros en toda regla, al menos los domingos. Peor aún es cuando algún comercio franquiciado saca la pata de jamón a la vía pública para que el cortador se exhiba ante los turistas, que, por supuesto, contemplan la escena con los móviles alzados. Los manteros toman la Avenida los festivos, mientras que el resto de los días, en el caso del centro, se instalan en Tetuán, Velázquez y Puente y Pellón. El domingo es raro que una pareja de la Policía Local recorra el entorno de la Catedral. La Avenida dominical es un desorden completo, aunque con esa calma propia de un pueblo grande, un bullicio que puede tener hasta su encanto.
La mezcla de público es más que curiosa: cofrades trajeados, turistas que se meten en cualquier rendija, los guardias de seguridad de la Catedral con las orejas altas, el vigilante que filtra el público en la puerta de la Parroquia del Sagrario, los macetones con los arbolitos de la sombra mínima, los camareros con pajarita de la Campana, los manteros con un ojo en la mercancía y el otro en el horizonte por si apareciera algún agente, un ciclista irritado, el taxi que cruza hacia García Vinuesa procedente de Alemanes... Y sin olvidar los tramos de obra que renuevan el cochambroso pavimento. La calle de los Manteros era la actual de General Polavieja, donde suelen tomar café los señores capitulares del Ayuntamiento. En la práctica podría llamarse así la Avenida, tan reformada desde comienzos de siglo por motivos varios, principalmente por la construcción del tranvía, una obra que cambió su configuración y usos. No estaría de más incluir esta arteria principalísima en las rutas dominicales de la Policía Local, porque el espacio está literal e ilegalmente tomado. Pasan los años y continúa el problema, como en su día ocurría con los trileros de Sierpes, o con los gorrillas que en tantas calles y plazas exigían la propina a cambio de no estropear el coche, porque lo de cobrar por buscar un hueco para estacionar era una suerte de quimera. Tal vez un día alguien pregunte dónde están los manteros, será señal de que el problema ha desaparecido. Entonces serán otros los retos de la vida urbana, de hecho lo son ya los usuarios de los patinetes, porque la fiebre ciclista en zonas peatonales y su correspondiente oleada de rechazo ha menguado bastante. O se ha normalizado. Todo es adaptación, costumbre y regla.
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