La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
LÓGICAMENTE descorazonado por la errática gestión de la cúpula dirigente, el beticismo tiene esta tarde una nueva cita con lo peor de su historia. Una cita con el avispero en que se ha convertido el día a día de un club que ya no sabe quiénes son de verdad los suyos. La zarrapastrosa gestión de unos administradores judiciales funestos ha dado lugar, incluso, a que se ensabanen y salgan a la luz fantasmas de un pasado que nunca debió ocurrir.
Y en éstas arriba el Recreativo de Huelva para una obligación ineludible de victoria a fin de que el Betis, no se olvide que por siempre Real Betis Balompié, no se hunda un poco más. Ocurre todo en el corazón de una malintencionada campaña de desprestigio a los que se dejaron la piel en la tarea impagable de sacar al Betis del secuestro que padecía. Luego pasó lo que pasó, que la jueza no acertó con sus nombramientos y que los malos pasan a ser los buenos y viceversa.
Entre lo desmañado de la gestión, los tontos útiles y otros nada tontos pero sí útiles para rematar la desestabilización de la entidad más el Diablo matando mientras duerme moscas con el rabo, la situación ha llegado a un punto en que sólo el equipo puede poner orden. El Betis, más que nunca, está en manos de sus profesionales. Sólo ellos pueden hacer de paliativo para una situación insostenible y aunque sólo fuese por una vez deberían hacer algo por la institución.
Y por medio, un homenaje tan merecido como a deshora. Homenaje preparado tiempo ha para el más grande que vistió camisolín y camiseta verdiblanca y que está siendo manejado por los interesados y los malintencionados calificándolo de escudo protector para el palco. El palco debe ser renovado de forma inmediata, eso está claro, pero de eso a echar en falta a los que generaron el estropicio va un trecho largo, un trecho mortalmente largo para el Real Betis Balompié.
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