¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
El otro día pasé por la calle Conde Negro. Y como ocurre en ocasiones, la vi diferente. No sé si por las continuadas obras, por algunos locales cerrados hace tiempo y con los cierres metálicos reventados o por el muy deteriorado pavimento. El caso es que me pareció que tiene un aire de descuido que no merece.
Es una calle modesta, no muy transitada, pero que se mantenía con gran dignidad. Espero que una vez terminadas las obras mejore, porque en este caso la discusión no es si el pavimento es el genuino o un asfalto que todo lo iguala. En esta ocasión el pavimento es lo más estropeado de la calle y un claro ejemplo de la falta de coordinación de aperturas y cierres de calicatas para los diferentes servicios y acometidas, cuando no de un simple desgaste y falta de atención. La cuestión es que, como digo, no se lo merece.
Por si no saben dónde está la calle, les diré que la calle Conde Negro está entre la Puerta Osario y San Roque y entre la calle Recaredo y el Muro de los Navarros. Es una de las muchas calles de Sevilla que en origen estaban fuera de las murallas, aunque ahora queda dentro del recinto circundado por la Ronda. Por detrás de la Capilla de la Hermandad de los Negritos.
En parte por su modestia y en parte porque pasa un tanto desapercibida, conserva una denominación que nos cuenta mucho de su historia y de la del barrio y de la historia de los negros en la Sevilla de los siglos XV, XVI y XVII. Como ha sido bien estudiado por Ortiz de Zúñiga (…eran en Sevilla tratados los negros con gran benignidad desde los tiempos de don Henrique Tercero, permitiéndoles juntarse a sus bailes y fiestas en los días feriados, con que acudían gustosos al trabajo y toleraban mejor el cautiverio…).
La calle debe su nombre al llamado conde negro, Juan de Valladolid, negro portero de Cámara de los Reyes Católicos, quienes le dieron el título de Mayoral de los Negros de Sevilla. Esta figura era una especie de juez de los asuntos internos de los negros y mulatos de la ciudad, ya fueran esclavos o libres, y también como intermediario legal entre los esclavos y sus amos o la Justicia. Como se cuenta, en Sevilla estaban censados más de 6.000 sirvientes negros esclavos o libertos, el mayor número de negros de todas las ciudades europeas de la época. Otro rasgo más de la Sevilla portuaria y cosmopolita. Y así lo testimonian los cuadros del tiempo.
Como comenta el profesor Enrique Valdivieso sobre el criado negro del cuadro de Murillo, Dos golfillos y un negrito c.1670, que se conserva en la Dulwich Picture Gallery de Londres. Tampoco podemos olvidar el retrato del mulato Juan de Pareja de Velázquez, criado y ayudante del pintor y que fue pintor él mismo tras su carta de libertad. Todo eso y mucho más lo podemos recordar al paso por la calle Conde Negro, con cuidado de no tropezar en los baches del pavimento.
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