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La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El cartel que anuncia la segunda muerte

La venta del palacete de la Palmera y la finca de Prado y Colón de Carvajal simboliza el fin de una época

Hay muy pocas personas que al morir merezcan una definición que tiene el efecto del Toisón de Oro con el que se abrocha una trayectoria: "Era un fin de raza". Aunque el desaparecido tenga hijos, esa frase sentencia que no hay sucesión posible en la transmisión de un estilo, de una capacidad, de una forma de ser, de unos valores que se han quedado para siempre en el finado y que no se encuentran en la sociedad de hoy. Hay otras personas que al fallecer marcan simbólicamente el fin de una época porque tienen el valor de representar una etapa específica en la historia de una nación, de una ciudad y, por supuesto, de nuestras propias vidas. Se van las personas, pero quedan sus acciones: el trabajo, los reconocimientos y hasta las fechorías. La tarde que el Sevilla ganó la primera UEFA, ironías del destino, murió Jacinto Pellón, el ingeniero cántabro que en la práctica hizo posible la Expo. Comenzaba una etapa y se cerraba otra. Se iniciaba una década gloriosa para un club de fútbol, una sucesión de triunfos que quedan ya íntimamente ligados a nuestra existencia, y se sellaba simbólicamente la de los años previos a la gran Muestra Universal. Esta semana se han puesto a la venta el palacete de la Palmera y la finca de Manuel Prado y Colón de Carvajal (1931-2009), el administrador y mediador del Rey en operaciones delicadas como la Transición y que acabó entre rejas por corrupción. El cartel de Se vende ha sido su segunda muerte, un revivir por momentos aquella trayectoria tan ligada a la Zarzuela, aquellas fiestas en el casoplón de la Palmera con gente de postín. "Es el fin de una época", nos dijo un empresario de los de verdad. Contemplar las frías instantáneas del que fue su salón, el recibidor, la piscina y otras estancias de lujo ha sido una segunda esquela publicada algunos años después a la que sólo faltaba una leyenda a lo Valdés Leal: In ictu oculi. Se vende la casa sevillana de quien grabó su charla con Ceaucescu para pedir contención al PCE de Carrillo, de quien sirvió a los Reyes en sus años de esplendor y de quien vivió su final en una turbamulta de tribunales y sentencias condenatorias. Sus Majestades mandaron una corona de flores al tanatorio de la SE-30 con motivo del funeral. Sólo recuerdo a Florentino Pérez entre los pesos pesados que se molestaron en acudir al sepelio. Ahora sí que está anunciado el fin absoluto de una época. La venta de sus conocidas propiedades es una segunda losa. Algún banco comprará el palacete, el de las fiestas de gente importante que no acudieron al funeral de don Manuel si estaba delante y el Manco si estaba ausente.

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