La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
HOY no les hablo de un bar o un restaurante en concreto. Hoy, a modo de despedida de temporada (vuelvo en septiembre), voy a hacer un genérico del único elemento que, si falta en un bar, éste tiene que cerrar: la cerveza.
La cerveza en Sevilla es una filosofía de vida. Recuerdo una época en Inglaterra en que me explicaban el sentido de la "cerveza del minero", esa cerveza en pinta, en el pub y que se toma al salir del trabajo antes de ir a casa. Psicológicamente tiene sentido, desconecto, disfruto y a casa... En Sevilla el rito es igual: una o dos cañas y a casa. He dicho caña, la gran clave de la cerveza. La caña tiene el tamaño justo para que no se caliente y tenga el dedo de espuma que demuestre que está viva y bien tirada. El vidrio lo más fino posible, los mejores los que hacían en la Trinidad Fábrica de Vidrio; ahora los hay buenos en Hiper-Plato y en Makro.
¿Los mejores sitios? Antiguamente Baturone, ahora cada uno tiene su favorito. Los míos: los dos baritos de los soportales del Salvador, la Espumosa de Espinosa y Cárcel, el Jota, la Cervería Cardenal, la Fresquita, Cervería Triana, el Tremendo de Pío XII, las copas heladas de Modesto, las cañas de la Bodega Virgen de los Reyes, el botellín helado de Casa Moreno… tantos y tantos sitios.
Para mí donde se toma la mejor cerveza de Sevilla es en la Fundación Cruzcampo. La tiran como nadie. Hay gente que va a algunos actos (siendo interesantes), por esas bandejas repletas de cervezas. Los vasos previamente remojados. La caña perfecta. El número uno a la hora de degustarla es Julio Cuesta; el vaso por la mitad, con poca espuma, tres o cuatro buchitos y ya le están poniendo una nueva. Calidad de vida. Sin discusión la cerveza en Sevilla debe ser, es, Cruzcampo. Lo demás es ganas de discutir cosas evidentes. Es la única. Desde aquí reivindico el antiguo Gambrinus gordito y sano, no el moderno y estilizado.
Aunque no haga falta, nuestros cerveceros siguen sorprendiéndonos con los anuncios. Aún recuerdo el mejor: un vaso gigante, helado, perlado, con la espuma cayendo por el lado y que nos recibía a porta gayola a los que veníamos de Cádiz muertos de calor. Lo veíamos, y sin más, volantazo a la derecha y en la Venta Ruiz caía la primera, la segunda, la tercera...
La cerveza, bebida de Dioses.
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