Desde mi córner

Luis Carlos Peris

La cesión ya es moneda de uso común

PRESCINDIMOS de los derroches que hacen los dos de siempre y en el mercado veraniego se han institucionalizado los préstamos. Cesiones que muchas veces se producen sin opción de compra, sin que el beneficiado tenga ninguna ventaja en el caso de que el futbolista triunfe y resulte traumático desprenderse de él. Son los lodos que vienen de los polvos de unas erráticas administraciones y de los que sólo escapan los dos de siempre.

No quiere decirse que los dos de siempre hayan administrado sus hallares mejor que el resto. Es más, puede afirmarse que sus movimientos dinerarios registran unos hechos que rozan lo impúdico. ¿O no son actos impúdicos lo que el Barça paga por Neymar o lo que hace el Madrid un verano sí y el otro también? En éste, tras el fichaje de Isco y el próximo de Illarramendi mata, además, dos pájaros de un tiro, ya que a la vez que se refuerza debilita a Málaga y Real Sociedad.

Pero vayamos a lo que íbamos, a esa fiebre de cesiones que se ha instalado en el fútbol español y que hubiera sido impensable hace nada en clubes como Valencia y Atlético de Madrid como ejemplos más concluyentes. Y ese tema de las cesiones nos coge muy cerca, pues no sólo el Betis en su calvario concursal ha de mendigar, sino que también el Sevilla que tanta plata acarreó a Dato hace un suspiro se ve obligado a beber el amargo cáliz de jugar con futbolistas prestados.

Está claro como el agua clara que ningún club entra en este juego de las cesiones por su gusto. Un futbolista cedido que triunfa tiene un final muy amargo para el aficionado, que ve cómo el ídolo tenía fecha de caducidad. En el Betis se dio con Pabón, un jugador que desarrolló un papel importante para el sorprendente premio de la Liga Europa tras llegar en el mercado de invierno. ¿Cuál será el próximo? Pero es que la cesión se ha instaurado y casi nadie se libra de ella.

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