La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

De cómo una ciudad se transforma

Sonaba monocorde el "pobre de mí" y a partir de ahí, Pamplona vuelve a ser la Pamplona habitual, nada que ver con la de esta semana de bullicio y excesos. Todos los asentamientos del mundo se transforman en sus fiestas, pero ninguno como Pamplona. No puede haber un giro más brusco que el que se da en la capital navarra desde el chupinazo al "pobre de mí". Una ciudad de provincias como la vieja Iruña en la que desde la Plaza del Castillo hasta San Juan presenta un paisaje de paz durante el año vuelve hoy a su ser. Tras la oficialización del acto sucesorio por el trono que deja Juan José Padilla en beneficio de ese ciclón inca que es Andrés Roca Rey, llega la cuenta atrás hacia otros Sanfermines en medio de un ambiente de sosiego. Vendrán los fríos y Pamplona se parecerá más a sí misma, que no hay en el mundo una transformación como la pamplonica.

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