La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
ACIERTA Pedro Sánchez, y era hora de que lo hiciera. Iba de error en error, perdiendo fuelle a medida que transcurrían semanas en las que era absolutamente prioritario no equivocarse en las decisiones políticas.
En ese tiempo tomó iniciativas que desconcertaron a un alto porcentaje de sus votantes y no gustaron a gran parte de los dirigentes regionales de su partido. Su empeño en conseguir el Gobierno pactando con Podemos, un partido que está en las antípodas de los principios del PSOE, han hecho un roto en su carrera como secretario general que es difícil arreglar, pero hay que reconocer que en el último momento ha tomado decisiones que indican que ha reflexionado y ha apostado por entrar en el buen camino.
Se acaba la efebocracia, promocionar a socialistas recién llegados a la política teniendo en cuenta su edad más que su preparación, su experiencia, su capacidad de aportar ideas convincentes e imaginativas y enriquecer el partido; se acaba la efebocracia y, al fin, advierte Pedro Sánchez que el PSOE cuenta con gente valiosa que puede hacer más por el partido, por la gente del partido, y sobre todo por España, que los alevines que no tienen más recorrido que haber entrado en las juventudes socialistas para ver si así se les arreglaba la vida.
Hay excepciones, por supuesto.
Los fichajes de Borrell y Ángel Gabilondo para formar parte del comité de expertos, considerado el Gobierno en la sombra, equilibran al PSOE con voces experimentadas , y ofrecer a Margarita Robles el número dos de la lista de Madrid es todo un acierto.
El PSOE necesitaba centrarse, y Sánchez se ha decidido por esa línea después de coqueteos con el populismo de extrema izquierda que solo ha tenido como resultado una frustración generalizada.
Ojalá acierte. El bipartidismo ha sido elemento clave para que España haya vivido los cuarenta años más estables de su historia.
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