Crónica levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

La estulticia

LA enemistad que surgió entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa debió deberse a asuntos más mundanos que la ideología o lo puramente comercial. Fue una rivalidad oculta, nada comparable a las ricas disputas de Lope con Cervantes -"Y éste tu Don Quijote baladí de culo en culo va..."- o de Quevedo con Góngora. Pero el frentismo quiso diferenciar entre la literatura de ambos, como si el pálpito ideológico pudiera puntuar Cien años de soledad sobre Conversación en la catedral, o Crónica de una muerte anunciada sobre La fiesta del chivo, obra por cierto poco complaciente con un dictador de derechas. Con motivo de una de las visitas de Gabriel García Márquez a un lugar andaluz, alguien de cuyo nombre no quiero acordarme, me espetó: "Pues nosotros traeremos a Vargas Llosa". Y aún lo espero. Dudo que hubiera leído a cualquiera de los dos, ambos han dado lo mejor de la literatura hispana de la segunda mitad del siglo XX, pero, es lo mismo, las dos Españas miran por prismas diferentes, creen que el carril bici es de izquierdas y que los cristianos son de derechas, que Manuel Machado era un poeta malo y que su hermano Antonio, el mejor, o viceversa, que no hay nada más cool en la diestra que meterse con el que sólo pasó su infancia en un patio de Sevilla. Y que el caso de los ERE tapa al de Bárcenas. O al revés. La estupidez.

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