La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los 'antisistema' hispalenses
Un movimiento educativo defiende que a los niños hay que dejarlos que hagan lo que estimen oportuno, que ponerles reglas es coartarle su libertad y el desarrollo de su personalidad. Cada uno educa a sus hijos como estima oportuno, faltaría más, como también es defender la libertad opinar diferente. A mí me parece una auténtica barbaridad seguir esa senda.
Poner límites es importante para la seguridad de los niños, les da certidumbre y confianza; sus padres y madres son las guías que los cuidan, los vacunan, les dan los alimentos que mejor les vienen, los llevan a cole, los empujan a hacer deporte... y todo eso sin preguntarles.
Viene este debate aquí a cuenta de la prohibición de las redes sociales a los menores de 16 años. Hay quien lo ve como una intromisión en la libertad de las familias pero yo creo que es un respiro, casi una tabla de salvación. A ningún padre o madre se le ocurriría dejar a su hijo menor en medio de una calle en un barrio chungo, de noche y desnudo. Pues las redes sociales son exactamente eso, poner a un menor a tiro de depredadores, delincuentes y sus compinches.
Es evidente que por esa calle oscura puede pasar una buena persona que le ofrezca un abrigo y una taza de puchero, puede que haya quien le enseñe el camino para volver a casa, pero los riesgos son mucho más altos que las oportunidades que se abren. No, no haríamos eso a nuestros hijos.
El principal problema de las redes sociales no son los algoritmos que las gobiernan o la maldad de quienes mueven sus hilos sino que están totalmente fuera del alcance de los padres. Los pequeños de nuestra sociedad son nativos digitales; sus padres han tenido que aprender. Y salvo expertos informáticos, los pequeños les dan mil vueltas a sus padres. Y los que manejan los algoritmos, mil vueltas a los pequeños.
La prohibición de las redes sociales para los menores de 16 años es una medida oportuna, necesaria y urgente. Es más, como defiende el presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía, Domi del Postigo, ya vamos tarde. Y lo dice tras analizar los estudios que hace este órgano. Cada día que pasa sin esos límites es un día que ponemos a los pequeños, desnudos, en un callejón oscuro.
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