Herodes hace cola en el INEM

18 de febrero 2026 - 03:08

El invierno demográfico es una de las estaciones del infierno de Dante más que del paraíso de Vivaldi. Las cifras son espeluznantes, tanto como la indiferencia o falsa normalidad con que las escuchamos. La familia se ha convertido en una rémora, un estorbo, el enemigo a batir por esa coalición que forman la globalización, la inmediatez y el individualismo. Si a Herodes le diera por detenerse a ver las cifras del INE, se pondría a la cola del INEM. Ya no hace falta ningún ángel exterminador. La sociedad se basta ella sola para convertirse en su propio verdugo y cortarle las alas a las briznas de esperanza.

Para un niño, la palabra problema siempre significaba un acertijo matemático. Ahora el problema es el niño. En los últimos once meses de 2025 hubo en España 294.629 nacimientos. En el mismo periodo se produjeron 403.060 defunciones. La extremaunción le ganó la partida a los bautismos porque hemos apostatado de la vida. Casi ciento diez mil muertes más. Esa recesión demográfica se traduce en los hábitos, en el tipo de vida. Se vacían aulas enteras en los colegios de las grandes ciudades; se palpa el silencio en los patios de Primaria donde antes mandaba ese gorjeo casi pajaril del alboroto infantil. La familia numerosa se convierte en una rareza antropológica. Si antes los antropólogos viajaban a las comunidades indígenas de la Polinesia o de la Amazonia, pronto entrarán en una familia numerosa de cualquier barrio para estudiar estos últimos estertores de una vida donde la esperanza y la inocencia todavía tenían cabida. En 1940, primer año de la posguerra, tan duro o más que los tres de guerra civil que le precedieron, hubo en España 627.757 nacimientos, más del doble que el año pasado. No se lo estamos poniendo fácil a los padres del segundo cuadrante del siglo XXI. La demagogia de las subidas del salario mínimo interprofesional maquilla la precariedad de los salarios medios que impiden a muchos jóvenes trabajar para vivir y les obligan a vivir para trabajar. Con la factura de seguir en la casa de sus padres o cerrar el grifo a la creación de una familia. Un Gobierno que hace más decretos que viviendas no lo pone fácil.

Cada vez menos niños y más mascotas. Llegará el día en que el Colegio de Médicos lo presida un veterinario. La esperanza de vida en 1940, según datos del Instituto Nacional de Estadística, era de 49,5 años. Ahora somos los líderes mundiales después de Japón en esperanza de vida, pero bajamos muchísimo en vida de esperanza. Crecen exponencialmente las interrupciones voluntarias del embarazo, gritos del silencio. Admito que el no creyente, en su buena voluntad, opine que esa vida fallida no es de Dios, vale, pero tampoco le pertenece en exclusiva a la madre que lo lleva en su seno. Una visión demasiado soberbia, cosificada, una bárbara sinécdoque: la parte no es el todo, es un todo en sí mismo. Más de derechas que el día de la Madre, dice el aprendiz de Berlinguer que quiere salvarnos de la caverna, como si él hubiera nacido de un helecho. Cada vez menos niños; eso sí, hemos progresado: cada vez menos niños y niñas. Si la lengua es materna, como la vida misma. No necesita de parámetros inclusivos e igualitarios.

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