¿Informaciones u ocultaciones?

Óscar Puente y JA Santano.
Óscar Puente y JA Santano. / Matias Chiofalo

24 de enero 2026 - 05:30

CUANDO empezaron a aparecer las primeras informaciones de que la causa del siniestro de Adamuz se encontraba en las vías, un conocido activista de las redes y defensor de los consumidores lanzó la consigna: “eso es un bulo de la ultraderecha”. Cuando alguien usa el término “ultraderecha” –sea un político, un periodista o un coro del carnaval de Cádiz– siempre intenta jugar con ventaja. Es la descalificación universal, la que sirve para arremeter sin tener que dar muchas explicaciones. Es un truco viejo. Uno de los éxitos políticos del franquismo fue el de meter a todos sus opositores en el cajón de sastre del término “rojo”. Allí desembocaban los marxistas, los anarquistas, los demócrata-cristianos, los sindicalistas cristianos, los liberales, incluso los falangistas o los carlistas críticos. En general, todos los que se oponían al régimen.

Esta vez, el “bulo de la ultraderecha” terminó siendo cierto, como no pocas veces ocurre. En general, podemos decir que la política de comunicación del Gobierno en el siniestro de Adamuz está siendo intensiva, con ruedas de prensa interminables por parte del ministro Puente, lo que no significa en absoluto que esté siendo transparente. Hay dos maneras de ocultar la información: no dándola o creando una maraña de datos e informaciones parciales que oculten el conjunto. ¿Es esto segundo lo que está perpetrando el Gobierno? No hay pruebas para afirmarlo, pero desde luego sí está provocando un efecto saturación en los informadores. Es como si para explicar un accidente de tráfico nos diesen una conferencia intensiva sobre la propiedad física de la inercia.

Habrá que esperar todavía a las conclusiones finales de los técnicos, pero insistiremos una vez más en que por mucho que se quiera es imposible desvincular la tragedia de Adamuz del descontrol del ministerio de Transportes durante la era Sánchez, aunque solo sea como siniestra metáfora. A los que dicen esto probablemente le endilgarán la palabra comodín, “ultraderechista”, pero el periodismo no puede desistir de uno de sus papeles fundamentales, que es ser la conciencia crítica de la sociedad y el vigilante incómodo, incluso en los momentos más duros y con sus equivocaciones y desvaríos. El papel de falsas plañideras se reserva para otras profesiones.

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