La ventana

Luis Carlos Peris

Tan justo como tardío reconocimiento a Lebrijano

NUNCA es tarde si el fin merece la pena, pero se me da que lo de hacer Hijo Predilecto de Lebrija a Juan Peña Lebrijano se ha hecho esperar. Con benevolencia digamos que se ha hecho esperar cuando lo que ha pasado es que tardó una barbaridad. Con su sobrenombre, Juan ha llevado a Lebrija por todo el mundo, el civilizado y algún otro que él también holló en sus cincuenta años nomadeando con su creatividad llena de compás. Hijo de María la Perrata y de Bernardo Peña, cantaor desde niño y el de más creatividad de una generación dorada, fue incluso calificado como Juan el Grande y abrió el flamenco por unos cauces nuevos nunca reñidos con la ortodoxia que siempre llevó a gala. Ni siquiera los búcaros y los cántaros les dieron a Lebrija la universalidad que le proporcionó Juan, por lo que vemos tan justo como tardío ese nombramiento de hijo predilecto de su querido pueblo.

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