La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Hartos de estupideces
El abuelo paterno del pintor Diego Rodríguez de Silva y Velázquez había arribado a Sevilla desde Oporto hacia 1580, quizá huyendo de la inquisición portuguesa por su posible ascendencia judía, y su abuelo materno, Juan Velázquez Moreno, fue un humilde calcetero sevillano que en ocasiones oficiaba de prestamista. Sus padres, naturales de Sevilla, eran Gerónima Velázquez y Juan Rodríguez de Silva, quien llegaría a ejercer como notario del cabildo eclesiástico. Nuestro artista nacería días antes de ser bautizado en la iglesia de S. Pedro el seis de junio de 1599, viendo la luz en la casa de sus abuelos maternos en la calle de la Gorgoja (hoy Padre Luis María Llop) de la antigua morería del Adarvejo, cerca de la actual plaza del Cristo de Burgos. La localización de la casa familiar en este barrio induce a pensar en el origen morisco de la rama materna, avalado por la etimología del apellido Moreno, que deriva de morezno: “De moro o niño hijo de moros”. La escasez de información sobre sus antepasados y su vida personal es tal que el gran especialista velazqueño Jonathan Brown lamentaba: “Resulta sumamente difícil escribir una biografía... debido a que nos faltan los documentos personales que pudieran desvelarnos su vida interior; hecho extraño en la sociedad sevillana, que todo lo ponía por escrito y lo llevaba al notario”.
El joven Diego sería introducido en 1623 en la corte de Felipe IV a través del Conde Duque de Olivares y por mediación de su suegro, Francisco Pacheco. Nunca regresó a Sevilla, accediendo en Madrid a los cargos de ayudante de superintendencia, veedor de obras reales, aposentador de palacio y pintor de cámara del rey. Sus excelsas cualidades pictóricas quedaban pues en segundo plano, siendo sólo autentificadas unas ciento diez obras frente a las más de cuatrocientas de Murillo o las dos mil de Goya. Un ardiente deseo de nuestro genio universal era conseguir su ingreso en la orden militar de Santiago y vestir su hábito, lo cual procuró sin éxito durante décadas al no poder aportar los certificados necesarios para recibir el expediente de limpieza de sangre, consiguiéndolo por fin nueve meses antes de su muerte por intervención directa del monarca ante el papa Alejandro VII. Un hecho que aún no tiene una explicación convincente es la presencia del autor con la Cruz de Santiago en su pecho en Las Meninas, obra concluida en 1656, tres años antes de dicha concesión. Su biógrafo y gran valedor Antonio Palomino consideraba que “en el pecho del hábito de Santiago... después de haber muerto le mandó Su Majestad se lo pintasen”.
Velázquez entroncaría al cabo del tiempo con familias reales europeas a través de su hija Francisca, y, así, el rey de España Felipe VI es su nieto en decimotercer grado por vía materna, estando emparentado también con Carlos Gustavo de Suecia o Alberto II de Bélgica. Los genes discurren por las ramas de los árboles genealógicos sin tener en cuenta que sus poseedores sean judíos, esclavos, moriscos o reyes.
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