Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
Ave sagrada en culturas milenarias como la hindú, el pavo real está asociado desde tiempos remotos a la belleza y la inmortalidad y, en este sentido, estaba ligado a la resurrección y la vida eterna en el cristianismo primitivo, siendo visible en las paredes de sus catacumbas. En cambio, el Corán lo hermana con el demonio, aunque soberanos islámicos gustasen de su compañía al considerarlo atributo de poder y riqueza. El pavo real de la variedad azul es originario de junglas de la India y Sri Lanka, siendo llevado por los fenicios hasta los confines occidentales, donde los obtiene el rey Salomón. "Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis... Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales" (1 Reyes, 10:22). Míticos en el antiguo Egipto y en la Grecia clásica, fueron servidos sobre platos de lujo en mesas nobles romanas junto a cisnes, faisanes, cigüeñas, grullas...
"El primero que en Roma mató un pavo real para comerlo fue el orador Hortensio en el banquete inaugural de su sacerdocio..." (Historia Natural, Plinio el Viejo).
El irisado azul de cabeza y cuello de los machos de estas galliformes, que constituyen harenes durante el celo, se complementa con una fascinante falsa cola repleta de ocelos dorados con tintes azules, rojizos y verdes, poseyendo las hembras una tonalidad marrón con cuello verdoso y sin el gran apéndice caudal. Son aves territoriales que emiten estridentes sonidos y exhiben costumbres terrestres, aunque gusten dormir en altura. En Sevilla, pueden contemplarse en el Alcázar andalusí, Parque del Tamarguillo, Pabellón de México-Brasil y un ejemplar albino en el entorno de la evocadora Glorieta de Bécquer del Parque de María Luisa. Es emblemática la presencia de dos bellas imágenes de pavo real, junto a águilas y halcones, en el Arco de los Pavones del Palacio Mudéjar que ordenó construir el rey Pedro I en el Alcázar.
Entre las leyendas que lo acompañan destaca el mito griego de Argo, gigante de cien ojos que servía a las órdenes de la diosa Hera, esposa de Zeus. Así, cuando el rey del Olimpo se enamora de la hermosa sacerdotisa Ío, la convierte en una ternera blanca para protegerla de Hera, la cual envía a Argo para vigilarla día y noche, dada la capacidad de mantener abiertos la mitad de sus ojos durante el sueño. Para solventar el impedimento y rescatar a la doncella, Zeus envía al dios Hermes para dormir con la música de su flauta de pan a Argo y decapitarlo. Llena de dolor, Hera deposita los múltiples ojos extraídos de su fiel servidor en la cola de un pavo real, sellándolos en su iridiscente plumaje hasta la eternidad...
"Azul loco y verde loco/ del lino en rama y en flor./ Mareando de oleadas/ baila el lindo azuleador./ Cuando el azul se deshoja,/ sigue el verde danzador./.../ ¡Vaya delirio!/ ¡Vaya el Color!/ Y por fin se van siguiendo/ al pavo real del sol,/ que los recoge y los lleva/ como un padre o un ladrón" (Ronda de colores, Gabriela Mistral).
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