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José García-Tapial Y León

La muralla de la Puerta Osario

El autor apuesta por restaurar la cara pública del lienzo descubierto

22 de septiembre 2014 - 01:00

HACE unas fechas que han recogido los medios de comunicación el descubrimiento e identificación de un lienzo de nuestra muralla islámica al demoler una edificación ruinosa. En este caso ha sido al término de la calle Valle, en su encuentro con Puñonrostro, en las inmediaciones del emplazamiento de la desaparecida Puerta Osario. El paño que ha quedado al descubierto tiene una altura aproximada de unos seis metros y presenta un estado muy distinto en la cara interior del recinto amurallado (fachada a calle Valle) que la del exterior que correspondería al interior de la edificación desaparecida. Esta cara aparece muy dañada, con algunas alacenas excavadas en su grosor así como numerosas pérdidas del material original que ha sido sustituido, en algunos casos, por hiladas de ladrillo. El paramento aparece rematado por dos almenas incompletas, reconociéndose perfectamente el paseo de ronda superior. Estas dos circunstancias (almenado y paseo de ronda) nos indican que este fragmento de la cerca islámica ha mantenido su altura original. Una primera visión parece indicar incluso, a expensas de un estudio arqueológico más en profundidad, que se produjo en su momento un recrecido de la muralla, permaneciendo huellas del almenado primitivo entre la fábrica ahora descubierta. Recrecidos similares fueron detectados en las campañas de restauración de las murallas de la Macarena y el Valle, que tuvimos la ocasión, José María Cabeza y yo, de llevar a cabo en la década de los 80 del pasado siglo.

La otra cara, hacia lo que era la ronda interior de la ciudad medieval, presenta, sin embargo, muy buen aspecto, con los cajones de tapial perfectamente identificables y sin apenas deformaciones ni pérdidas lo que, sin duda, ha sido debido a la protección que le ha proporcionado el grueso muro que tenía adosado y que, ahora se ha demolido.

Los descubrimientos de estos paños de la muralla son relativamente frecuentes en las manzanas perimetrales de la ciudad histórica, sobre todo en las medianeras de edificios que han sido derribados o sometidos a rehabilitaciones profundas. Hace unos meses se identificó otro lienzo al derribar una casa algo más hacia el sur, en Menéndez Pelayo 43, esquina con Estella. Cuando, en 1995, la Gerencia de Urbanismo y la Universidad de Sevilla publicaron el libro colectivo El último siglo de la Sevilla Islámica 1147-1248, José María Cabeza y yo contribuimos con un capítulo denominado "Recuperación de la cerca islámica de Sevilla". En él, junto a la enumeración y descripción de los trabajos de restauración llevados a cabo por la Gerencia de Urbanismo en las murallas de la Macarena, el Valle, la Casa de la Moneda, Torre de la Plata, Puerta Real, etcétera, se dejaba constancia del trabajo de seguimiento efectuado sobre las parcelas susceptibles de contener fragmentos de murallas y se documentaban hasta 42 segmentos de ellas aparecidos en otras tantas obras de demolición o rehabilitación en todo el perímetro del casco antiguo. Es seguro que, durante los casi 20 años transcurridos desde entonces, este número de fragmentos descubiertos podrían estar cerca de duplicarse.

Estos descubrimientos puntuales vienen a respaldar la hipótesis que he estado argumentando durante todos estos años, esto es, que las demoliciones de las murallas durante el último tercio del siglo XIX fueron mínimas por dos razones: porque en la mayor parte del trazado de la cerca ésta había quedado "engullida", exterior e interiormente, por las edificaciones que se le habían adosado por ambos lados y porque no había, en aquel momento, tecnología adecuada para su derribo. Los archivos municipales recogen numerosos casos en que, sobre todo en la zona de la Resolana, los expedientes para licitar las obras de demolición de la muralla quedan desiertos por falta de ofertas. No será hasta la segunda mitad del siglo XX cuando, al disponer ya de la maquinaria necesaria, se consumarán (San Julián, Ronda de Capuchinos) estos derribos. Precisamente de esta época es la edificación residencial colindante con el fragmento aparecido y que ocupa todo el frente de la calle Valle hasta Muñoz Torrero y, presumiblemente, durante su construcción se eliminaría el resto de muralla contiguo al ahora aparecido. Esta dificultad técnica explicaría que los derribos decimonónicos se centraran en las puertas porque al papel simbólico de su desaparición se unía el interés funcional de eliminar estorbos al tránsito y, además, al ser de fábrica de ladrillo, ello permitía una demolición rápida y poco costosa.

El fragmento ahora aparecido no correspondería, por tanto, a la propia Puerta Osario, que ocuparía originariamente el ensanche actual del final de Puñonrostro, pero sí al enteste de la muralla en ella. Tal vez el edificio recién demolido pudo albergar una de las salas para la guardia de abastos a las que hace referencia el profesor Suárez Garmendia en Arquitectura y Urbanismo en la Sevilla del Siglo XIX. Según este autor, tras su derribo en 1849, se colocó una lápida conmemorativa y el escudo de la ciudad. Lápida y escudo que muy posiblemente se puedan encontrar entre los elementos procedentes de los jardines de la torre de don Fadrique o en los almacenes del Museo Arqueológico de los que, por ejemplo, se rescató la lápida que hoy corona el recuperado paño de la Puerta Real. En cualquier caso creo que sería deseable la restauración de la cara pública del lienzo descubierto, significarla, bien con esa u otra lápida histórica apropiada, y acompañarla con un grabado de la desaparecida Puerta Osario.

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