La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
EL que está hoy de moda no es aquel al que hubieran llegado Zapatero y Rajoy, la banca y los sindicatos, para salir de la crisis y mejorar nuestra economía que hoy, se quiere convertir en "sostenible", porque la que hay es, realmente, insostenible. Se trata ese pacto de la serie televisiva que estrenó el domingo Telecinco, basada en un suceso real que ocurrió en EEUU, donde 17 adolescentes pactaron quedarse embarazadas. En la versión española el número se ha reducido a 7 y ha tenido un gran éxito de audiencia su primer capítulo y es de suponer que, el segundo y ultimo, lo tendrá aún más, porque, al parecer, en el primero, las chicas aparecieron desnudas, bañándose en el mar. Además en este segundo capítulo se desvelarán las razones que tuvieron para celebrar ese pacto de embarazo, al tiempo que individual, colectivo. Ignoro si las 17 jóvenes de Massachussets desvelaron a la opinión pública por qué habían llegado a su insólito acuerdo y también ignoro cuál será el motivo que asigne el guionista al pacto celebrado por nuestras compatriotas en la ficción.
La Confederación de Padres y Madres de Alumnos ha solicitado la retirada de la serie, aunque no es probable que la cadena acceda a la petición. Basan su petición en que "trivializa algo tan importante como la maternidad" y "presenta a los padres y profesores como personas sin influencia para marcar límites y normas de convivencia". En definitiva, que presenta, como atractivos, modelos de conducta que no se deben seguir.
La polémica está servida y es curioso leer los comentarios que aparecen en internet. Desde el reflexivo de que la serie puede influir en los adolescentes de forma negativa, porque no tienen formada su personalidad, hasta el que se pregunta si también habría que prohibir las campanadas de Belén Esteban, por si los niños imitan su vulgaridad. Yo no debo dejar de exponer mi punto de vista, porque escribo en las páginas de opinión de este periódico y creo que un pacto entre adolescentes menores de edad (en 4º de ESO, que según la serie es lo que cursan en el colegio, la edad de las escolares es 15 ó 16 años) de concebir un hijo, fruto de un acto sin amor, es una gravísima irresponsabilidad. Hay muchas razones para traer a este mundo una criatura y son disculpables hasta la equivocación pero, en ningún caso, por una apuesta frívola, porque la función admirable de la maternidad no es cuestión de broma. Un acto tan trascendente en la vida de una persona, como es traer un hijo al mundo no puede ser decidido como una apuesta o desafío en el patio de un colegio. Da miedo pensar que esta decisión que origina tan importantes consecuencias, no sólo para el que la toma sino también para otros, se adopte como un juego.
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