El periodista cortesano

04 de enero 2026 - 09:59

El anarquismo ha sido una ideología sin experiencias históricas de gobiernos, a excepción del Territorio Libre de Ucrania que apenas duró dos años, de 1919 a 1921, aunque una parte del trumpismo comparte con los ácratas una desconfianza radical hacia el Estado. Andalucía y, en especial Cádiz, fueron tierras de movimientos anarquistas. Uno de sus intelectuales tardíos, Fernando Puelles, consiguió reunir en su casa de Medina Sidonia la biblioteca más completa que hubo en Europa sobre el tema. De uno de sus amigos y discípulos, Juan José Gelos, recibí hace muchos años un consejo con recorrido: “No hagas periodismo cortesano”.

Con ello no se refería a ese periodismo que sirve de correa de transmisión a los gobiernos, al que escribe a la carta o contra la carta, sino a ése que eleva el salseo del poder a la categoría de tesis, el que desvela las intrigas, los cotilleos y los roces de la corte como si fuesen la almendra de la política. Un cronista de palacio.

Pero no hay que despreciar del todo el salseo, le da color a la crónica sin amarillearla. En el Palacio de San Telmo, que desde los Montpansier ha tenido vocación de corte, ha habido mucho salseo. Tanto que Elías Bendodo, hoy sepultado bajo la ciénaga madrileña, tuvo que enmendar la vida interior del primer gobierno naranja y azul.

Un periodista cortesano podría contar los celos justificados que Antonio Sanz levanta en el resto de los consejeros, después de que el jerezano se zampase media Consejería de Medio Ambiente y asumiese la de Sanidad sin dejar la de Presidencia. O glosaría la calidad del tejido que el modisto de Salteras Rafa Díaz ha utilizado en el vestido de rey Baltasar de Juanma Moreno, de la inspiración que los zocos de Marraquech ha impreso en la geometría de los bordados del presidente. O iría al Parlamento, una corte venida a menos, a asegurarse si la locuacidad y elogios que está recibiendo estos días la socialista Ángeles Férriz tienen que ver con el deseo de la oficialidad de Jaén de no incluirla en las listas. El cronista sería feliz como una niña mala si diera pábulo a cada una de las predicciones políticas de Susana Díaz, la que nunca se equivoca.

Pero al cortesano se le pasaría por delante de sus narices que la aplastante corte ha tomado peso en Madrid, cuyo poder económico y político está sepultando de facto el margen de maniobra que la España de las autonomías tiene de iure, una ciénaga que concentra inversiones, que reparte doctrina y chupa de todos los bandos, que desprecia al dirigente político que no es de allí y que impondrá sus candidatos al resto del país. Una corte con overbooking de periodistas cortesanos.

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