las dos orillas

José Joaquín León

Por el pito muere el pez

17 de mayo 2011 - 01:00

NUESTRA campaña electoral es un tostón, comparada con las cosas que pasan por ahí, en el resto del mundo. En Francia, sin ir más lejos, tienen a uno de sus políticos más notables, Dominique Strauss-Khan, director del Fondo Monetario Internacional y posible candidato del Partido Socialista a la Presidencia de la República, que ha sido detenido y acusado de un delito de intento de violación. ¿Qué hubiera pasado en España si un candidato socialista a presidente del Gobierno es detenido por un presunto intento de violación? Y además a una trabajadora, a una camarera africana de 32 años, que había ido a arreglar la habitación del hotel. Esto pasa en España y el fulano ya estaría enterrado, políticamente hablando; y ella dando tumbos por todos los platós de televisión y en las portadas de ciertas revistas, en plan "la camarera violada cuenta su tortura".

En Francia aún hay personas que creen en la presunción de inocencia. Cuesta trabajo creer que un individuo que es el director del FMI, y que además aspiraba a competir con Nicolas Sarkozy por la Presidencia de Francia, esté en la suite 2806 del Sofitel de Nueva York, que cuesta más de 2.000 euros al día (sencillez socialista, ¡ay si Marx levantara la cabeza!), y levante la cabeza, en plan sátiro de la gabardina, para ver si viene la camarera y a por ella; y si no se deja, la violo. Esa actitud no sólo es un delito, no sólo va en contra de las políticas de igualdad de su partido, sino del sentido común. Si Strauss-Khan, siendo quien es, esperó desnudo a la camarera, como afirma la denunciante, y se abalanzó sobre ella para arrojarla a la cama, quiere decir que el mundo está gobernado por imbéciles. Por eso, la Policía le daría credibilidad a la versión de ella, más que a la de él.

Es como una película. Estas cosas sólo ocurren en EEUU, donde están bravos después de lo de Ben Laden. Si aquí todo lo que pasa es como en Carnaval, allí todo es como en Hollywood. Ya tenemos otro peliculón: el pez gordo que muere, políticamente hablando, por culpa del pito. Le delató el pito, el de su móvil (celular, en las telenovelas), que sonó a destiempo, porque el malo se lo dejó olvidado en la habitación, en su precipitada salida para pirarse a París. En el avión, poco antes de iniciar el despegue, detuvieron al pez gordo. Los polis llegaron en el último minuto. Como en las películas.

Y mientras aquí, aburrimiento. Monotonía del mitin tras los cristales. Zapatero con lo suyo. Rajoy diciendo que va a empezar una nueva etapa, aunque la película del otro no se acabó aún. Por el contrario, en Francia, están distraidísimos. El candidato socialista ha caído del tirón, sin organizar ninguna crisis siquiera, por creerse el sátiro de la gabardina, por culpa de un pito en mal momento.

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