La sabana, la lluvia, la hierba

22 de mayo 2009 - 01:00

EN la sabana, las sequías prolongadas provocan un descenso del número de rumiantes, lo que a su vez origina un descenso en el número de sus depredadores. Es natural. En economía, sucede lo mismo cuando hay sequía de consumo, de inversión y, por supuesto, de agua (liquidez, crédito). La vicepresidenta Salgado ha dicho ayer que el número de bancos -que no son depredadores, ni mucho menos, presas- está abocado a disminuir notablemente. A ese panorama lo llamamos "ajuste", y puede ser más o menos brusco. El ajuste que vivimos peligrosamente es brusquísimo, como cantan los datos de descenso del PIB y de aumento del paro. En España, el paro golpea más no porque las empresas sean más despedidoras que, por ejemplo, las alemanas, país donde el PIB se ha contraído más del doble que en España en el último año corrido, pero sin tamaño paro correlativo. Ésa, la de la "empresa mala", es la tesis que sostienen los sindicatos a la ligera. La realidad, y ahí les duele a los sindicatos y a todos nosotros, es que somos más intensivos en manos de obra, ergo más improductivos, y además estamos sobreexpuestos al colapso de la construcción residencial, por lo que es de cajón que nuestro desempleo crezca mucho más que en todo el resto de Europa. Fue bonito mientras duró. Estamos abocados a un ajuste salarial, que debe empezar por los salarios más altos, particularmente las de una tecnocracia pública sobredimensionada, a la que, por cierto, se maquilla más que se recorta (véase la lampedusiana reestructuración de la cumbre juntera realizada por Griñán: que cambien unos pocos pero que no cambie nada de verdad... de momento).

En el océano, el descenso de la población de peces causado por el hombre pescador y el hombre contaminador nos provoca una molestia en nuestros veraneos: la plaga de la medusa. Tirando de nuevo de paralelismo, la destrucción de empleo provoca morosidad, y la morosidad es quizá la principal amenaza a la que se enfrenta la banca, de por sí atenazada por su propia parálisis de confianzas recíprocas, y también, claro, por la parálisis de un consumidor que no consume, de un empresario que no invierte y, por todo ello, de unos créditos que no se solicitan. Tancredismo, y para largo.

Aunque brotes verdes -qué hartitos estamos ya de leer y usar la metáfora de moda- amenaza con desbancar a la frase de Clinton: probablemente su "¡Es la economía, estúpidos!" sea el titular más manoseado de la historia del columnismo. Existe toda una teoría en Economía de la Empresa que enfoca la vida empresarial, su evolución y supervivencia, desde un visor ecológico: es la ecología, estúpidos (sin señalar). En este momento, ver la crisis como un sistema que sufre la decadencia y la entropía es muy apropiado: depredadores, lluvia, medusas, brotecillos verdes… La gran palabra es sostenibilidad, el equilibrio de las especies con su entorno. Y esto -de momento y tal como es- no se sostiene. Tiene que cambiar. Y no se trata de cambiar de modelo como quien cambia de modelito: el cambio debe ser radical, de raíz.

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