NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
NO veremos nuestros nombres, el de Claudio J. Castillo, Carlos Navarro Antolín, Antonio Pizarro, Juan Carlos Muñoz y el mío propio, en una placa, como la que figura de Alejandro Dumas en una casa de Madrid, ciudad a la que viajó como cronista oficial de la boda de la infanta Luisa Fernanda, hermana de Isabel II, con el duque de Montpensier, el francés que compitió con el italiano Amadeo de Saboya en el concurso internacional para ser rey de España. Este quinteto de periodistas cubrimos en Madrid hace veinte años, el 22 de mayo de 2004, la boda del príncipe Felipe, príncipe de Asturias, con la periodista Letizia Ortiz. Hoy son los Reyes de España.
Aquel día me puse como una sopa. En el argot futbolístico, yo me encargué de los vestuarios: no es que me dedicara a describir los atuendos de los invitados, algo para lo no se me fue dada ninguna habilidad, sino que Claudio y Carlos estuvieron en la catedral de la Almudena donde se celebró el enlace matrimonial y yo me dediqué a captar el ambiente en el entorno. Cayó la mundial, empapado hasta los tuétanos. Llovió como dicen que lo hizo en Cádiz en el entierro de Fermín Salvochea.
Era un Madrid lluvioso y triste, que todavía no se había recuperado del espanto de los atentados ferroviarios del 11 de marzo de ese año. Se casaba el único hijo varón de los reyes Juan Carlos y Sofía. Dos décadas después, es el único matrimonio de su descendencia que perdura. Fue un reparto entre ciudades. La infanta Elena se casó en Sevilla con Jaime de Marichalar el 18 de marzo de 1995, en el final del mandato de Alejandro Rojas-Marcos como alcalde de Sevilla. La infanta Cristina contrajo matrimonio con el jugador de balonmano Iñaki Urdangarin el 4 de octubre de 1997. La alcaldesa de Sevilla ya era Soledad Becerril, pero esta boda tuvo lugar en Barcelona cinco años después de los Juegos Olímpicos de la ciudad Condal en los que surgió el flechazo mientras Eduardo Mendoza seguía sin noticias de Gurb. Las dos bodas de las infantas las rodó Pilar Miró, que estás en los cielos. La boda de la infanta Elena me cogió trabajando en Diario 16; la de su hermana Cristina, en El País (la boda más mediática de esa época en Sevilla fue la de la hija de la duquesa de Alba con el torero Francisco Rivera Ordóñez, con Jesús Aguirre y Paquirrín compartiendo una foto de familia impagable); y la del príncipe Felipe, en Diario de Sevilla, que llevaba ya cinco años y casi tres meses fiel a la cita con sus lectores.
En familia tan deportista, la boda fue el año de los Juegos Olímpicos de Atenas. Una vuelta a los orígenes y a la ciudad donde se casaron sus padres el 14 de mayo de 1962. 2004 fue un buen año para Grecia, que ganó la Eurocopa de Portugal, la primera que disputó un jovencísimo Cristiano Ronaldo. La Copa del Rey la ganó el Zaragoza, que todavía vivía de las rentas épicas de los Cinco Magníficos, el gol de Nayim y los zaraguayos.
Desde aquel día de mayo de 2004, Sevilla ha tenido cinco alcaldes: Alfredo Sánchez Monteseirín, Juan Ignacio Zoido, Juan Espadas, Antonio Muñoz y José Luis Sanz. Hasta la Iglesia ha cambiado tres veces de Papa: era el penúltimo año de pontificado de Juan Pablo II, nombrado en 1978, el año de la boda de Cayetana de Alba con Jesús Aguirre; un año después se iniciaría el de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), que en 2013 dio un paso atrás para que los cardenales nombraran su sucesor al argentino Jorge Mario Bergoglio.
Ratzinger se hizo Papa emérito en 2013 y Juan Carlos I pasó a ser Rey emérito en junio de 2014, cuando España iniciaba su participación en el Mundial de Brasil donde entregaba el trono de campeona del mundo logrado cuatro años antes. El Mundial que ganó Alemania, primero que una selección europea conseguía en el continente de Di Stéfano y Pelé.
Con la ropa pegada al cuerpo por la lluvia, mediado el avituallamiento de un bocadillo de calamares, tan madrileño como el motín de Esquilache o la verbena de la Paloma, empecé a buscar asilo electrónico para mandar mi crónica de bastidores y tramoyas. Llevaba una lista de media docena de amistades o conocidos, pero los contestadores automáticos son poco eficientes cuando manda la urgencia. Sólo me quedaba una opción, mi primo Marcos, el pequeño de los 23 nietos de mi abuelo Andrés. Eureka. Estaba en casa y tenía ordenador disponible. Cogí un autobús de la EMT en Legazpi. Mi primo había decidido guarecerse cual ermitaño para aislarse de todo lo relacionado con la boda real leyendo, escuchando música. Y de pronto llega el primo periodista para meterle la boda en casa. Un allanamiento de morada que aceptó con resignación y filosofía. Yo me perdí la boda de sus padres por un examen de Filosofía. Mi tío Ángel fue el primero que me enseñó las tripas de un periódico, el Arriba, aunque toda su vida laboral la pasó en el diario Pueblo.
Para mí, fue una primavera pródiga. En apenas una semana presenté dos libros: Borbolla y Alfonso me apadrinaron en la carpa de la Feria del Libro de Sevilla El rayo verde, biografía de Rafael Gordillo. No Alfonso Guerra ni Gómez de Celis, sino Alfonso Pérez Muñoz, el que dio nombre al estadio del Getafe antes de que llegaran el VAR y la cultura de la cancelación. En la plaza de San Juan de la Palma, Rafael de Cózar presentó mi libro de relatos Balada de los mediocres en La Plazoleta, el bar de Fernando. La portada es una ilustración maravillosa de Ricardo Suárez. Cózar murió en los últimos días del año que Juan Carlos I abdicó para entregarle la Jefatura del Estado a su hijo Felipe VI. El convite de su hermana Elena tuvo lugar en el Alcázar, el mismo palacio de palacios donde se celebró el de Carlos V con su prima Isabel de Portugal. El novio del 22 de mayo de 2004 llevaba el nombre de Felipe II, hijo de Carlos V, el rey que fue emperador.
Felipe VI nace en 1968, el año que Massiel ganó el Festival de Eurovisión. Y su padre fue nombrado sucesor “a título de rey” en 1969, el año que lo ganó Salomé empatada con otros tres países. En 2004 el festival se celebró en Turquía y lo ganó Ucrania dos décadas antes de ser hostigado por las tropas rusas. El Nobel de Literatura lo ganó la austriaca Elfriede Jelinek.
Fue la primera boda real del siglo XXI. No hay ninguna placa que recuerde nuestro paso por Madrid, como la de Alejandro Dumas, pero allí estuvimos Claudio, Carlos, Muñoz, Pizarro y un servidor. Los cinco mosqueteros. Eran los primeros meses de Rodríguez Zapatero en la Presidencia del Gobierno. Los casó el gallego Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, paisano de Fraga y presidente de la Conferencia Episcopal. Volvimos a Sevilla, nos salvamos de la pulmonía y mi primo Marcos regresó a la república independiente de su casa. Hoy hace veinte años de la boda del siglo… XXI. Un rey de 1968, una reina consorte de 1972. Nacidos en años bisiestos y olímpicos (México 68, Múnich 72) y casados en un año olímpico y bisiesto (Atenas 2004).
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