Trump y la derecha

Trump
Trump / NICOLE COMBEAU / POOL

06 de enero 2026 - 05:30

TRUMP es como los niños, no se puede uno acostar con él sin acabar miccionado. Eso lo debería entender la derecha española, especialmente la más radical. Y al igual que los niños, Trump no puede esconder su condición de gamberro sin más límites que su propio ego. El presidente de EEUU está en las antípodas de lo que debería ser un político conservador: es grosero, irrespetuoso con las instituciones, brutal en la expresión, imprevisible, incendiario, aprovechado... De alguna manera duplica, en rubio y rico, todos los defectos autoritarios de un gorila bolivariano. Y aún así, pese a que nunca lo ha escondido, ciertos sectores de la derecha española, especialmente en el ámbito de Vox, lo han adoptado como su macho alfa internacional. De Trump atrajo su enfrentamiento frontal ante un wokismo que quiere desmantelar las bases culturales de Occidente para acercarnos a no sabemos muy bien qué utopía que provoca monstruos. Pero pronto quedó claro que no tenía más ideas que las de su cartera y, en todo caso, el supremacismo yanki. Lo hemos visto con la intervención en Venezuela. Tras un inicio esperanzador con la detención del tirano Maduro, pronto afloró que la intención de Trump era convertir al país americano en un protectorado petrolero de EEUU que, por ahora, seguirá comandado por los mismos criminales que lo han arrasado política y económicamente. Para mayor dolor, el ninguneo de Trump a la líder opositora María Corina Machado rozó la humillación. Nadie le puede achacar al líder republicano falta de transparencia.

La derecha española, especialmente Vox, debe sacar enseñanzas de lo ocurrido. Trump no puede ser el norte de su política internacional. En ese sentido, Marie Le Pen le ha dado una lección a Abascal. Es contradictorio presumir de patriota y no respetar la soberanía nacional, más cuando se interviene en una zona tan cercana sentimental y culturalmente para muchos españoles. Apostar por la comunidad iberoamericana tiene sus obligaciones. Además, Trump ha dejado claro que los valores ideológicos de la derecha han quedado completamente marginados en esta operación. Al final se ha tratado de un mero ejercicio de imperialismo decimonónico donde los intereses económicos y geoestratégicos han primado sobre cualquier otros. España tiene dos caminos irrenunciables: Europa e Hispanoamérica y cualquiera que actúe contra ellos se convierte en adversario. ¿Es tan difícil entenderlo? Quizás haya que resucitar a De Gaulle.

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