La vacuna y la tranquilidad

17 de noviembre 2009 - 01:00

LA primera jornada de vacunación contra la gripe A transcurrió con normalidad en toda España. Diez millones de personas (1.652.000 en Andalucía) integran los grupos de riesgo que deben ser inmunizados: enfermos crónicos, personal sanitario y trabajadores de servicios esenciales para la vida colectiva, como policías y bomberos). Las mujeres embarazadas habrán de aguardar la llegada, en unos días, de una vacuna específica. Se pretende inmunizar a entre un 15% y un 20% de la población total frente a un virus, el H1N1, causante de la gripe que ha provocado 88 muertos en España desde el pasado mes de abril (un 0,13 por cada mil habitantes). Tras conocerse los primeros casos de esta pandemia, básicamente en México, se produjo una situación de alarma generalizada que las autoridades sanitarias supieron combatir aportando datos y consideraciones que ponían en cuestión su presunta gravedad. Al final, el virus, aunque de fácil propagación, no era muy diferente del de la gripe normal, y sólo debía preocupar a los grupos de riesgo, más propensos o más vulnerables a sus consecuencias. Meses después -es decir, ahora-, el riesgo puede ser el contrario: la renuencia a vacunarse, que incluso afecta a parte del personal sanitario, hasta el punto de que el presidente del Consejo General de Enfermería, Máximo González, apeló en Sevilla a la "obligación ética" de vacunarse de los médicos, enfermeros y demás personal encargado de la asistencia sanitaria, ya que su propio trabajo les convertiría en agentes propagadores de la enfermedad. No hay motivos para el alarmismo, y tampoco para el pasotismo. Las autoridades sanitarias del Gobierno y las autonomías han diseñado un plan sensato de vacunaciones selectivas y a él debemos atenernos todos. A través de los centros de salud y el teléfono único de citas previas (902505060) los ciudadanos pueden concretar su acceso a la vacunación, que siempre quedará a juicio del médico correspondiente. La vacunación ha de ser ordenada, sin atascos ni aglomeraciones. No cabe tampoco que los ciudadanos de grupos de riesgo se desentiendan de una epidemia que afecta a miles de personas, a veces con consecuencias dramáticas.

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