Pablo Sánchez

Datos son datos: el Covid-19 en Suecia

Que vivimos uno de los tiempos más convulsos de la era contemporánea parece revelarse como un hecho irrefutable: sufrimos una profunda crisis medioambiental, los abusos raciales son cada vez más frecuentes, la clase política presume de su baja calaña y un sinfín de otras denuncias sociales y culturales que dejaremos a un costado. A esta etapa convulsa del siglo XXI habría que sumarle, además, la crisis generada por el Covid19.

Soy sevillano, medio sueco, y tengo repartidos en mi piel lunares de muchos otros lugares. He sufrido –y sufro– cada una de las muertes derivadas del Covid-19, y parece traslucirse una sensación generalizada en la que todos resultan saber cómo haber detenido su expansión, sus castigos humanos y sus consecuencias sociales en costo laboral. En cualquier caso, los datos son lo que son.

Y resulta que ahí están para quien quiera consultarlos. Suecia fue elogiada en un primer momento por su acción de llamada a la conciencia individual y a la responsabilidad social como medida principal para la detención del Covid-19. Fueron aclamados popularmente sus políticos, sus ciudadanos y su epidemiólogo estrella, el señor Tegnell. Pasadas las semanas, y en el momento presente, se denuncia a Suecia por ser el país con la mayor tasa de muertes por miles de habitantes. Aún más cuando los países vecinos implementaron restricciones mucho más férreas y el número de fallecidos por la pandemia es notablemente inferior.

Pero decidí acceder a los datos públicos que se recogen en el Centro Nacional de Estadística de Suecia, donde, desglosados en parámetros diferentes –por sexo, región, semana, mes, año, etcétera– se puede consultar el cómputo total de fallecidos, y descubrí lo siguiente: en los tres primeros meses del año –entre enero y marzo– se produjeron un total de 349 fallecidos menos en el año 2020 en relación al mismo periodo del 2018. De la semana 13 a la 21 –es decir, de abril a mayo– el número de fallecidos en 2020 superó en 644 a los del mismo periodo del 2018.

Eso hace un número total de, por desgracia, 295 fallecidos más en el año 2020 que en el mismo periodo de 2018, teniendo en cuenta, claro está, que 2020 atraviesa por los efectos de la pandemia más severa que haya conocido el mundo occidental –también Suecia– desde la mal denominada gripe española entre1918 y 1920.

No se debe frivolizar con la muerte de ni una sola persona, pero tampoco debe usarse la libertad de expresión como una arma arrojadiza que genere desconcierto, confrontación o falsedades. Es hora de llorar a los muertos, hora de recogimiento, hora de silencio, de reflexión y de amor. Si creían poderlo haber hecho mejor, haberse metido a políticos o epidemiólogos. Si no, cierren el pico y también la puerta al salir. 

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios