Muchas dudas han estado surgiendo en las últimas semanas acerca de lo que se puede y lo que no se puede hacer en estos tiempos que corren, de lo que debemos y no debemos hacer. Es cierto que muchas de nuestras costumbres se han visto y se van a ver afectadas por todo lo que nos ha cambiado esta pandemia, pero parémonos un momento a pensar lo que realmente se puede hacer para darle un sentido a este tiempo de encuentro y de familia.

Aprendamos a valorar lo que tantos años hemos tenido y a lo que tan poca importancia dábamos: que si las discusiones con el cuñado, que si las imposiciones de la suegra... ¿No las echaremos de menos? Esos momentos de saludos y de reencuentro, esos recuerdos de tiempos pasados, esos momentos de descanso después de unos largos meses de rutina y de sacrificios. La verdadera realidad de la Navidad es que nos hace valorar lo realmente importante en esta vida: la familia, los amigos, Dios...

Aprendamos a vivir la vida de distintas formas, enfrentándonos siempre a la realidad y luchando por recuperar lo que era nuestro y que muchas veces nos tienen que quitar para realmente darnos cuenta de que nos hacía mejores. La alegría en las calles, la música, las luces... ¿Por qué no hacer eso en nuestras casas con nuestros seres queridos? Espero que este año de excepciones nos haga más fuertes como sociedad y como personas, en general. ¡Feliz Navidad! 

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